LA GAVETA
Jaime Gil del Bierzo
En 1987, dos años y medio antes de su prematura muerte, el gran poeta catalán Jaime Gil de Biedma (1929-1990) llamó por teléfono a su amigo Ramón Carnicer y le dijo que quería conocer el Bierzo. Le pedía a Ramón que le aconsejara acerca de los lugares qué debía visitar, y Carnicer no solo le informó de ello, sino que también le dio cartas de presentación para diversas personas, al objeto de que le acogieran e informaran. Una de ellas fue el músico Cristóbal Halffter, quien, con su mujer Marita Caro, le recibieron en su castillo de Villafranca del Bierzo.
El viaje le gustó mucho a Jaime Gil de Biedma, tal vez el lírico más influyente de la poesía española que surgió en los años 50. Él era el poeta civil por antonomasia, el que contaba lo que nos pasaba y nos pasa cuando vamos al trabajo, cuando perdemos un amor, cuando vivimos bajo un régimen indigno, cuando encontramos una vieja fotografía, cuando ya no somos jóvenes.
La obra breve y sincera de Jaime Gil de Biedma es la de un hombre que ama la vida, que ama el placer y el tiempo, la palabra y la melancolía. Y que sabe que todo dura poco, demasiado poco. Yo le vi una vez en Madrid, en una lectura poética, y me causó una extraordinaria impresión. Era un hombre cercano, brillante, de una cultura inmensa.
Hoy se inaugura en Villafranca del Bierzo un busto a Ramón Carnicer, cuyo centenario celebramos. La imagen, obra del escultor Amancio González, perpetúa el recuerdo del gran narrador leonés en la ciudad donde nació. El busto está en plena ruta jacobea, cerca de la iglesia de Santiago. No hay mejor emplazamiento para un escritor tan caminante. Pero esa imagen también guardará la memoria de muchas otras sensaciones y verdades. En ese recuerdo no solo está el Ramón que nació y vivió en el Bierzo, sino igualmente el que se construyó como hombre y como escritor en Barcelona. Porque Ramón siempre supo conjugar su identidad de origen, la berciana y leonesa, con la de Cataluña y España. Una Cataluña liberal, abierta y universal, que nada tiene que ver con el primario nacionalismo de ahora.
Aquellos amigos suyos escritores —Carlos Barral, Gabriel Ferrater o Jaime Gil de Biedma— supieron del Bierzo a través de Carnicer. Conocieron su entusiasmo por la comarca natal. Y de ahí surgió el interés de sus lejanos amigos del Mediterráneo por estas tierras.
Jaime Gil de Biedma queda así, de algún modo unido al Bierzo. Es hermoso saber que por aquí estuvo unos días, anónimo y feliz, recorriendo Peñalba y Montes, las Médulas y Bérgidum, Villafranca y Molinaseca… Luego, al volver a Barcelona, invitó a Ramón a cenar y le agradeció sus indicaciones y le manifestó su alegría por haber conocido la lejana comarca celta y romana, verde, ocre y azul.