CON VIENTO FRESCO
Del color del cristal
En este piélago de noticias tenebrosas, el viernes leíamos una luminosa y esperanzadora: la familia Prado, que en los años sesenta del pasado siglo fundó en Camponaraya Cristalglass, oferta siete millones de euros para recuperarla de la multinacional mexicana Vitro, a quien aquella familia se la vendió en el 2001. Los Prado comenzaron con un pequeño taller familiar y lo convirtieron en una empresa de más de 600 trabajadores. La crisis de la construcción desde el 2008 la abocó a su cierre, después de un traumático proceso que los bercianos hemos vivido dramáticamente por los cientos de familias afectadas.
Es una buena noticia tras la presentación el jueves de los presupuestos para el 2013: realistas pero muy duros. La contención del gasto, para enjugar un déficit que nos asfixia, supone que no podemos pensar en el crecimiento de la economía. El Gobierno apuesta por contener el gasto, primero porque lo exigen nuestros socios europeos, a los que deberemos pedir un rescate; pero sobre todo porque sin él no es posible bajar la prima de riesgo, sin la cual seguiremos pagando el dinero que nos prestan a precios abusivos e insostenibles. De hecho, la partida más grande del gasto ya no son los servicios sociales sino los intereses de la deuda, que suponen un 33,8% del total.
Reducir el gasto es, por ello, una condición ineludible; pero eso hace que estos presupuestos no sirvan para salir de la crisis. Es posible incluso que la situación social empeore, porque sin actividad económica no habrá crecimiento, ni puestos de trabajo (llegaremos a los seis millones de parados), ni ingresos fiscales. No es sólo una pescadilla que se muerde la cola, es una pesadilla de la que no podemos despertar, es un mal sueño. Es evidente que estos presupuestos nos empobrecen un poco más, pero lo más grave no es esa pobreza sino la desesperanza de salir de ella. No podemos contar con el Estado sino con nuestro propio esfuerzo.
Por eso es tan importante, incluso psicológicamente, noticias como la compra de Vitro por Tvitec, la empresa creada por los Prado en el polígono del Bayo, con el dinero de Cristalglass. Sólo la actividad empresarial puede modificar esta durísima situación; sólo en la iniciativa personal, la valentía empresarial, la apuesta por la tierra ciframos nuestra esperanza. Es como volver a empezar, regresar a los sesenta, pero con mucha mayor dificultad. Entonces todo estaba por ganar, salíamos de un mundo de penurias pero soñábamos otro mejor. El dinero, aunque caro, existía: los pequeños beneficios de la actividad agraria, los bancos y cajas con sus pequeños créditos, los emigrantes con sus ahorros. Todos queríamos mejorar y apostábamos por ello. Me gustaría creer que el futuro es del color del cristal de Cristalglass.