CON VIENTO FRESCO
Españolizar
Isabel, la serie que TVE-1 proyecta los lunes, recrea con bastante rigor histórico los años juveniles de la futura Isabel la Católica, aquellos que Luis Suárez denomina, en el primero de los tomos que dedica a la gran reina, como los de la conquista del trono. Dejando de lado algunas licencias escabrosas poco verosímiles para animar la trama, los acontecimientos, los personajes (llama la atención la insignificante figura del actor que encarna a Enrique IV, tan diferente a un rey que en realidad era un gigantón de 1,85 m., más alto y fuerte que todos sus cortesanos), el ambiente social y palaciego, las luchas por el poder, están bien cuidados y responden con más o menos fidelidad a las excelentes biografías de la reina, las de Luis Suárez, Tarsicio de Azcona, Manuel Fernández Álvarez; así como a los datos de cronistas y hagiógrafos de aquella época.
La serie es catalana, catalanes son los escenarios (bien recreados, por cierto) y buena parte de los actores, incluida Michelle Jenner, que encarna a Isabel. Quizá por eso, llama la atención que, tras cuatro capítulos, todavía no hayan salido a la luz el papel que en el caos de la corona de Castilla juegan los infantes de Aragón, o las presiones diplomáticas de Juan II, a través de algunos castellanos como el arzobispo Carrillo, que necesita imperiosamente el apoyo castellano para solucionar sus problemas internos (luchas nobiliarias y civiles en Aragón, donde incluso la Generalitat nombra señor de Cataluña a Enrique IV) y su guerra con Francia. Como recuerda el hispanista inglés Hillgarth (La hegemonía castellana 1410-1474), Juan II logrará, por medio del matrimonio de su hijo Fernando con Isabel, inmiscuirse en su beneficio en los asuntos internos de Castilla, iniciando un proceso de catalanización de ésta.
Tal proceso es el nacimiento de España como nación, pues dialécticamente se complementa con otra cara, la castellanización de Cataluña, cuya suma da por resultado la españolización. Cuando Cataluña se repliega sobre si misma, como ocurre en los siglos XVI y XVII, vive en la decadencia más profunda; por el contrario cuando se abre al resto de España, logra su bienestar. Incluso, pese a la Diada, la pérdida de sus fueros, no le impide beneficiarse del imperio español, o que en el siglo XIX España se convierta, a causa del proteccionismo industrial, en su mercado interno. Pierre Vilar, en Cataluña en la España moderna, habla del espíritu emprendedor catalán que necesita, como quisieron los primeros nacionalistas (Prat de la Riba, Cambó), liderar el progreso de España, catalanizar España. Pero tal proceso tiene como reverso españolizar Cataluña. No sé de qué se escandalizan algunos políticos analfabetos ante las palabras de José Ignacio Wert: reflejan fielmente la mejor Historia.