Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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El Ayuntamiento de Arganza va a aprobar unas normas reguladoras de lo que llama Acogimiento civil, una especie fiesta a los nacidos en el municipio, sustituto laico del bautismo católico, que algunos quieren denominar impropiamente bautismo civil. ¡Qué manía la de utilizar nombres semejantes para ceremonias diferentes! Parece que en dicho acto, como ya se practica en algunos municipios españoles —creo que en La Bañeza—, se leerán los derechos del niño y el Ayuntamiento públicamente se comprometerá a cuidar del vecino recién nacido «velando por su educación y defendiendo y garantizando sus derechos». Como dice el alcalde socialista, una fiesta entrañable y cariñosa.

La noticia me suscita el interrogante de si los niños que se bauticen por el rito católico no contarán con esos mismos cuidados, porque con los tiempos que corren todo es posible. En realidad, me pregunto si los Ayuntamientos están para perder el tiempo y el dinero en estas ceremonias. Al margen de otras consideraciones me parece una iniciativa extravagante en un municipio que cuenta con menos de 900 habitantes, y cuya tasa de natalidad no superará probablemente el 4 por mil. Más que de los niños debería preocuparse de los jóvenes; pues a tenor de los datos publicados esta misma semana, España es un país de viejos, donde cada día hay menos nacimientos y donde los jóvenes emigran porque en nuestro país no encuentran trabajo pese a su formación.

El asunto me recuerda cómo ciertas creencias y ritos que se arrojan por la puerta, entran por la ventana. Ninguna cultura carece totalmente de creencias y prácticas religiosas organizadas de forma comunitaria, lo que conlleva, como dice Marvin Harris, ritos de solidaridad y ritos de paso. Estos últimos se relacionan con los cambios que, a lo largo de la vida, sufre el individuo, como el nacimiento, la imposición del nombre, la pubertad, el matrimonio, la enfermedad y la muerte. Tales ritos son comunitarios, pues afectan no sólo al individuo que los sufre, sino al conjunto de la comunidad, y se manifiestan normalmente como actos festivos para reforzar la solidaridad grupal.

Uno de ellos es el nacimiento pero no debe confundirse con el bautismo, que es el sacramento de la iniciación cristiana y puerta de entrada en la Iglesia, por lo que igualmente se celebra como fiesta. Entiendo que los no creyentes busquen algún tipo de sustituto para este tipo de ritos de paso, especialmente el del nacimiento e imposición del nombre al niño, pues con él expresan su alegría por el nuevo hijo; pero no creo que se deba utilizar un nombre tan caracterizado como el de bautismo para una práctica que no lo es, ni el Ayuntamiento tiene pito que tocar en ello, aunque puede ser un acto público, como no lo tiene tampoco en el bautismo católico, que también es público y comunitario.

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