EN BLANCO
Rosario Granell
La verdad siempre es digna de ser contada y más en los momentos actuales, saturados de duelos y quebrantos que apenas producen buenas noticias. Ahora que parece que todo se derrumba, siempre nos quedan personas decididas a apostar porque la utopía de hoy será sin duda la realidad de mañana. Una de ellas es mi amiga Rosario Granell, cuyo cielo siempre ha estado sembrado de proyectos relacionados con la música y las artes escénicas. Dicen que la anatomía es el destino, y la trayectoria artística de Rosario, una auténtica mariposa de hierro tan disciplinada como entusiasta, tiene mucho que ver con su soltura gestual y la belleza serena de una mujer afortunada en el sorteo de la lotería genética. A zapatilla quemada, y nunca mejor dicho, ha creado un estilo propio que la llevaría hasta el puesto de directora del Taller de Danza Contemporánea a partir del 2007. Allí puso en juego sus dones mágicos y una sugestión de encantamiento satisfactoriamente envuelta en el sugestivo marchamo de la novedad.
La semana pasada pudimos ver en el Auditorio Ciudadano Rondó, un espectáculo surgido de su imaginación que conjuga pirotecnia visual y mucha reflexión literaria. No en vano se inspira en El barón rampante , la rompedora novela de Italo Calvino, y en la obra poética de Gaspar Moisés Gómez, cuya hija Marta forma parte del elenco de bailarines procedentes del Aula de las Artes del Cuerpo de la Universidad de León que protagonizaron en el escenario uno de esos instantes que siempre cotizan en bolsa. Una mezcla de épica y de estética innovadora embrujó la noche leonesa, gracias a la sensibilidad de los artistas y el encanto esencial de tan insólita propuesta. El chisporroteo de las emociones se disparó, en fin, entre los espectadores que asistieron a la puesta de largo de una propuesta salpicada de guiños fascinantes.