CRÓNICAS BERCIANAS
Castañas
H oy sábado, aunque la mayoría del orbe lo ignore, se celebra el día internacional de la castaña. El Bierzo se convierte en un gran tambor en el que es posible saborear un puñado de suculentas castañas asadas casi en cualquier rincón de la comarca. De esas pequeñitas, sabrosísimas. Tanto en crudo como magostadas. Muchas de ellas no hallarían ni un resquicio en los mercados más sibaritas de la principales capitales españolas, donde un amigo que se dedica a la venta y a la exportación desde hace ya mucho tiempo, me confiesa que sólo buscan «madera». Las piezas más gordas y marrones, a las que les sacan el brillo entre juegos de luces que ni la mismísima Annie Leibovitz, para que al cliente le penetren por el iris aunque resulten absolutamente insustanciales.
Las más modestas, con menos presencia pero auténticas ambrosías, son las que se esconden en los sotos más aislados donde el jabalí oficia como gran gourmet y los paisanos que las apañan desorizan con un ojo en la espalda. Las castañas resultan una balanza de las falsas apariencias. Las de Santa Marina del Sil, donde hoy su centro de iniciativas turísticas (CIT) cumple treinta años de exaltación del magosto, no son las XL que demanda el frutero de algún burro acaudalado, pero resultan de las más exquisitas. La fiesta del CIT, una humilde organización que ha logrado prácticamente con sus actividades evitar la desaparición de la aldea, rivalizará esta noche con la del Vino Nuevo y el magosto de Prada, en la que Óscar Campillo resulta otra estupenda premisa del «Teorema de la castaña».
Al director de Marca le siguen sin asentar los trajes ni en la entrega del patuco de oro a Thiago Messi. Sin embargo se ha convertido por méritos propios en uno de los periodistas mas selectos, respetados e influyentes de este país. El pregón del biógrafo de Zapatero en el Palacio de Canedo resonará en Camponaraya, donde el ex presidente del Gobierno homenajeará a Antonio Canedo. A Zapatero, por contraposición, le acabaron por caer los trajes como un guante. El paso del tiempo, sin embargo, le empieza a revelar como una de esas castañas rutilantes, pero insípidas. Al ex presidente le honra humanamente unirse a la exaltación de la figura irrepetible del ex alcalde de Camponaraya, al que con su pata chunga no le cuadraba ni el paso, pero que era un verdadero marron glacé de la política y del socialismo.