Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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En León tenemos dos crisis. Una es la general, la de toda España, la de toda la desesperanza y la decepción. La de las palabras huecas, la del timo inmobiliario, la de la estafa de los bancos, la de la negación de la crisis hace años, la de la falta de empatía y credibilidad de los políticos actuales. Es la gran crisis.

Que lleva cinco años y que dicen que durará unos cuantos más, aunque nadie sabe nada. Y los gurús de la economía menos que nadie. Ellos solo saben equivocarse y para eso les pagan.

La crisis grande está llevando el país a la pobreza y a la melancolía. Pero también a una lucha que va ser cada día más intensa e imprescindible.

Pues bien, la provincia tiene, además, otra crisis propia. Que la general subraya y potencia. La crisis de la despoblación, de la pérdida de peso industrial. Del envejecimiento, de la fuga masiva de jóvenes, cualificados o no. Se van y muchos no volverán.

En todo caso, León no se muere, no es cosa de hacer afirmaciones grandilocuentes. Pero León pertenece al grupo de provincias españolas que van a menos. No tanto en nivel cívico ni en nivel de renta, pero sí en protagonismo dentro del escenario nacional. Estamos en el grupo de Lugo, Orense, Ciudad Real, Albacete… Y aún somos la más poblada de la categoría.

¿Podemos recuperar parte de nuestro nervio industrial? De un modo significativo, parece que no. Y eso implica que no será posible detener la sangría demográfica. Pues bien, si ése es nuestro futuro, habrá que sacar partido de ser una tierra antigua, bella y raigal. Con un modesto sector turístico y con una oferta terciaria notable en sus dos áreas metropolitanas —León y Ponferrada— donde viven dos de cada tres leoneses. No hay que desdeñar su fuerza. Aunque sea para salvar los muebles.

No se ve cambio alguno en el horizonte, pero podemos negociar lo mejor posible esta deriva. Saber aceptar los hechos con orden, incluso con alegría, es algo digno. Sobre todo si los leoneses profundizamos en lo que nunca decepciona, que es la cultura. Podemos convertir este repliegue en un vivir más moderno, solidario y creativo. Más fecundo y sin descartar frutos reveladores de esta actitud y compromiso. Que no todo pasa por instalar factorías o grandes almacenes.

León se aparta de su honroso destino industrial, que va quedando como episodio del siglo XX. Pero podemos insertarnos en el nuevo milenio con talento y optimismo. El modelo escandinavo como sueño. Vastas extensiones, menos habitantes, pero también vida sana, intercomunicada y fecunda. En cada ciudadano y de tantas maneras.

Y actuando así, a veces hasta puede surgir una gran noticia. Como la confirmación del campeonato Mundial de Ciclismo en Ponferrada.

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