DESDE MI PALOMAR por JOSÉ LUIS PRADA
¿Aromas y sensaciones virtuales?
El domingo pasado escuché un comentario en la tienda del Palacio a una señora de mediana edad, bien puesta ella, que le decía a otra más mayor, su madre o su suegra, «que ella cuando cocinaba cerraba todas las puertas para que el olor de la comida no se esparciese por la casa». Yo, harto de mil batallas, entiendo y disculpo casi todo…, aunque desde un tiempo a esta parte bajé mis exigencias con respecto a los demás. Flor me lo echa en cara muchas veces… «Prada como puedes perdonar tal o cual actitud si va en contra de tu forma de pensar y de actuar»… Pues sí, aunque creo ciegamente en mis postulados, no dejo de considerar que no todos tenemos la misma fuerza de voluntad para llegar a una meta determinada, y entiendo y disculpo el que no todos tenemos que pensar de la misma manera… De todas formas, aquella afirmación con respecto al olor de la comida dejó huella en mi y hoy no puedo menos que razonar sobre el tema: ¿cómo es posible que alguien no sepa valorar el olor que desprende por toda la casa un caldo bien hecho?, o… ¿el olor de unos huevos y patatas fritos en aceite de oliva que nos invade cuando subimos las escaleras de casa?, o… ¿cualquier comida preparada con tiempo y con cariño que nos impregna al abrir la puerta del portal de casa?. Si estas sensaciones no se captan… lo siento… pero significa que vamos abocados a un futuro indigno del ser humano…
Se propugna, en aras a la sanidad, en aras a la convivencia, que limpieza, pulcritud y, sobre todo, asepsia tanto al hablar como al escribir son sinónimos de progreso y bienestar ¿?¿? Yo me pregunto: ¿tanta limpieza, pulcritud y asepsia en las cosas cotidianas serán tan buenas?... mirad alrededor y veréis un número brutal de alergias en la gente, sobre todo niños, de toda índole y condición… Y digo también que se está prostituyendo la esencia y la chispa de la vida… me explicaré: ¿Limpieza?, tiene que haberla. ¿Orden y pulcritud?, son necesarios… pero… el no dejarse llevar por aquellas sensaciones primarias que nos envolvieron durante nuestra niñez y dejarlas que pasen sin pena ni gloria, con total indiferencia…, eso es acatar como borregos los dictados marcados por las modas imperantes en el momento, modas que se siguen para que no le llamen a uno trasnochado o inadaptado…
Ahora todo es aséptico, los hoteles con habitaciones totalmente lineales, frías, anodinas… y ¿las comidas en muchísimos restaurantes de nueva cocina?, grandes platos con menús de diseño que te quedas, casi siempre, preguntando ¡qué coño me ofrecen!... Cuando los pruebas y tratas de interpretarlos y de encontrar esos sabores que te sorprendan ves que casi todo es virtual… y yo digo que la gente normal lo que quiere es que le den platos que le llenen tanto la vista como el paladar, pero sobre todo agradece que le retrotraigan a gustos y sabores de su infancia… cuando es así, se siente feliz y lo agradece… lo demás son «ganas de tocar las narices…»
Mucho adelanto, mucha innovación, mucho progreso, mucha diferenciación…, pero al final… lo auténtico, lo genuino, lo natural es lo que el ser humano agradece… tanto es así que no hace mucho en un restaurante de Madrid, con estrellas Michelín, nos pasó un caso que define y reafirma mi filosofía sobre el tema. Nos dieron, como aperitivo, una especie de pizza en miniatura…, el camarero se acercó con una tabla y un soplete y empezó a quemar la tabla ¿?¿?, salía humo…, nosotros sorprendidos le preguntamos el porqué de aquello: «Es para conseguir el efecto y la sensación de que la pizza acaba de salir de un horno de leña»… Me quedé perplejo, sobre todo al pensar como en nuestros pueblos despreciamos las empanadas y abandonamos los hornos tradicionales, despreciamos un caldo de berzas o de castañas o… un tazón de leche con castañas cocidas y tantas y tantas cosas que se abandonaron porque hacerlo era síntoma de falta de cultura y de pobreza… y hoy va el listo o el «gurú» de turno y nos da humo y aromas a leña quemada… (como veis todo virtual)… para que lo disfrutemos y para pagarlo, eso sí, a precio de oro… ¡No te jode!...
Pero esa asepsia, esa virtualidad no se produce sólo al hablar, al escribir, en los hoteles o en los restaurantes, no, sino que se ha expandido también cual epidemia a las relaciones personales, por medio de internet, email o whatsApp, mantenemos contactos con los amigos o desconocidos muy escuetos, tal cual telegramas y, encima, con faltas de ortografía… Y lo que es peor se buscan satisfacción y orgasmos virtuales ¿?¿?, ¡increíble!, con lo bueno y satisfactorio que es echar un polvo al natural, rozando piel con piel, tocando y oliendo…, sin tanto cuento ni tanta innovación ni tanta carallada… Es una pena… pero es lo que hay… eso…