RÍO ARRIBA
Elogio de la austeridad
Según la enciclopedia Larousse —aunque ahora esté más de moda recurrir a la Wikipedia—, austero equivale a una sustancia agria y áspera al gusto, y en términos de carácter, a quien obra con rigidez o se muestra ante el mundo como un ser mortificado y penitente. Cualidades que nos hacen evocar la soledad mortificante de un retiro monacal, o para los que poseen inclinaciones cinéfilas, la figura de aquel Simón el Estilita, que Buñuel retratara subido a una columna en mitad del desierto.
Así parece que nos quieren ver hoy en día, haciendo equilibrios sobre un poste de superficie puntiaguda, con el serio peligro de que, a poco que nos movamos o demos un traspié, se nos quede clavado reciamente en el culo.
No se sabe muy bien de dónde procede este afán por escarnecer y torturar a los hombres, aunque la historia está llena de tipos siniestros que, como el príncipe Vlad Tepes, acostumbraban a empalar a sus enemigos para suprimir cualquier forma de rebelión.
Las cosas ahora son menos truculentas —aparentemente— y se desarrollan de un modo mucho más sutil. Tomemos como ejemplo al señor Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos, cuyos modales sinuosos recuerdan a los de un pastor luterano. No parece, cuando esboza sus paradigmas financieros, que nos vaya a meter un palo entre las nalgas, pero su credo doctrinal tiene algo de sádico. «A ver si os bajáis los pantalones de una vez», parece decirnos, mientras desliza los anteojos por el severo puente de su nariz.
La culpa, no obstante, es una primicia de los católicos o de los negligentes países del Sur. El mundo es un valle de lágrimas —de lágrimas muy amargas— y hemos venido a él a sufrir y atribularnos. No está de más que recobremos el espíritu redentor de los cilicios. Tantos años de lujuria y derroche exigen una dosis abundante de penitencias. Danzad, malditos, y rezad para que no os abrasen las llamas del infierno. Alabada sea la austeridad. El Banco Malo es la justa condena a vuestro júbilo desaforado. Hincad las rodillas, comed frugalmente, renunciad a las pagas extras, añorad los tiempos en que os iluminabais con velas de sebo. En verdad os digo que vuelven las garrapatas y las sesiones del Nodo. En otras palabras, daros por jodidos.