Diario de León
Carlos Frá
León

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Siempre me ha parecido muy reveladora la historia de ese rey que espoleó tanto su caballo que cuando llegó donde el enemigo nadie le había podido seguir. La leyenda narra más o menos eso y su protagonista fue Vermudo III, un monarca leonés que vivió hace mil años. Toda una lección política que a pesar del tiempo transcurrido no ha caducado.

Quizás si los catalanes tuviesen una historia milenaria de reyes a Artur Mas le habrían hablado del final de sus días del último monarca de la saga asturiana y de que no es malo mirar un poco hacia los lados y hacia atrás cuando uno se siente empujado a un futuro mesiánico, normalmente espoleado por unos cameladores que siguen contando manifestantes y manifestantes.

La debacle de Mas se ha convertido en una auténtica paradoja, porque tiene algo de 2 de Mayo a la catalana, cuando el pueblo opta por tomar la palabra mientras los elegidos para la gloria se ocultan tras los visillos preparando meriendas a los franceses.

Lo de Mas tiene incontables precedentes porque entre el pueblo español existe un especial ateísmo en materia política. A los personajes mesiánicos les suelen dar la espalda las urnas como bien saben los autores de tripartitos allá por Cataluña o Galicia, o por aquí con los gloriosos segundos mandatos en la Diputación o más modernamente con el tranvía llamado deseo del ex alcalde de la capital que tiene el mérito de haber otorgado a su rival la más elevada mayoría absoluta que se ha registrado en el Ayuntamiento durante la democracia.

Pero para apariciones mesiánicas las de los ex presidentes del Gobierno de la última semana. Primero fue Aznar el que se puso de nuevo a dar lecciones de política tras olvidar que tiene el récord de dilapidar una mayoría absoluta en cuatro días porque también hizo como Vermudo y quiso cabalgar en exceso tras el 11-M y casi nadie le siguió.

Y este domingo le tocó el turno a Felipe González al que su partido, en otro gesto histórico, quiso sacar al patio político cual Cid Campeador para intentar que siga ganando batallas.

Parece que la lección de Vermudo III debería incluirse en los manuales de campaña que usan los partidos políticos. En España hemos visto ya demasiadas quijotadas de quienes se lanzan contra molinos o rebaños de ovejas.

Al final el pueblo es más sabio de lo que muchos se piensan desde el sillón.

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