LA 5.ª ESQUINA
La Cabrera, Lobato tras Carnicer
«Si se que hay tantas cuestas no vengo», resopló Benigno el tamborilero de san Clemente de Valdueza en la cantina de Pombriego. Era el verano de 1962, cuando su frase quedó para siempre en el aire de la taberna y de nuestra memoria, gracias a un viajero llamado Ramón Carnicer. Las empinadas pendientes también continúan en la Cabrera. Los años pasan pero en esta tierra pervive la atmósfera misteriosa, las fantásticas leyendas urdidas por las mentes curiosas de sus vecinos. Y sin embargo, la realidad es que Cabrera mantiene la épica del esfuerzo de sus habitantes, para arrancar el sustento a unas tierras mermadas por la pizarra, que hoy es la que les da de comer; pero también es un espacio donde el zumbido de las abejas despierta los sentidos; donde el discurrir del tiempo evoca recuerdos que brotan de la tierra y el firmamento. Huele a tomillo y retama.
El objetivo fotográfico de Xurxo Lobato, tras los pasos de Carnicer, sigue el impulso de la curiosidad, el afán de superar los tópicos que perseguía el escritor. Sus imágenes no forman un catálogo al uso, son un puente. Uno más sobre el impresionante río Cabrera, cuya fábrica se alza con el espíritu de los viajeros. Si el primero lo hizo aquel Froylaz, noble visigodo que dio nombre al Puente de Domingo Flórez —para abrir caminos entre Galicia y León— y el segundo lo construyó Ramiro (nombre también visigodo, dirá Carnicer), colgante entre Quereño y Puente, éste último lo creará cada lector con buenas dosis de curiosidad e imaginación. No hacen falta pilares, ni portazgos, el camino se ofrece, con cuestas y curvas infinitas, para que Carnicer o Xurxo nos evoquen los detalles de las supervivencias ancestrales, la solidaridad de sus gentes y la vida cotidiana de unos pueblos que vivían y viven su humilde historia, pero sin dependencias, ni créditos a fondo perdido. En el aire flota el aroma proletario del orujo.
El libro de Xurxo Lobato, como el de Carnicer, es una glosa con cierto aire de melancolía sobre la vida rural, un manifiesto ecológico que invita con insistencia a no romper el equilibrio entre el hombre y la naturaleza.
—¿Y cómo se las componen para ir tirando?
—¡Eso digo yo! Las personas son como las pulgas y como el escarabajo ese de la patata. No hay quien acabe con ellos.
De la Cabrera uno se llevará siempre el recuerdo de una comarca singular, sorprendente en su lucha por la supervivencia y por evitar el olvido al que parecen condenados desde tiempo inmemorial. Sin embargo, las imágenes de Xurxo Lobato demuestran, como el libro de Carnicer, que esta tierra no deja a nadie indiferente. Y que siempre se vuelve… Había que hacer algo.