FUEGO AMIGO
Memoria de un seductor
El lunes se cumple medio siglo de la muerte misteriosa, en un vagón ferroviario, del escritor Luis Landínez (1911-1962), que durante la posguerra menudeó sus visitas a León con la mercancía de los libros prohibidos. Venía de Barcelona, donde militaba en el Partido Comunista, y su contacto en la ciudad era Victoriano Crémer, quien se lo recomendó a sus allegados de la cáscara amarga y a otros poetas discordantes de Oviedo, Valladolid o Santander, como recuerda en sus memorias Manuel Arce.
En realidad, se llamaba Luis Benito Landínez y había nacido en La Fuente de San Esteban. Una tuberculosis juvenil lo libró de la guerra, pero no de sus efectos. Hizo el bachiller por libre y se licenció en Derecho y Letras en Salamanca, antes de ocuparse en los más dispares oficios: cobrador de contribuciones, viajante de comercio, librero a domicilio y conspirador. Lo que ahora conocemos con la etiqueta académica de exilio interior, fue un magma atravesado de abandonos y delaciones, que necesitaba para sostener su empuje la presencia fugaz y estimulante de tipos como Landínez. Alto, bizarro e intrépido, recorría desafiante y seductor una España encogida por el miedo, aprovechando la movilidad de sus empleos volantes para alimentar la resistencia. Los más inquietos de cada ciudad iban recibiendo periódicamente su visita con el equipaje de libros y confidencias, en un ir y venir siempre por el filo de la temeridad.
Luis Landínez remató la década ominosa con su novela Los hijos de Máximo Judas (1950), finalista del Nadal que ganó el leonés José Suárez Carreño. La rescataron medio siglo después sus paisanos salmantinos en la editorial Alcayuela. Entonces, su sobrina Lourdes Jiménez Benito les entregó la maleta del escritor, repleta de originales aplazados por la censura o suspendidos por la muerte. Una muerte extraña, a la vuelta de Asturias. Además de la novela, tenía publicados varios libros de versos, unas cuantas traducciones y algunas antologías útiles para el negocio ambulante. También anunció Andanzas y desventuras de un vendedor de libros , que no llegó a ver la luz.
Era responsable de la célula comunista del Ateneo de Barcelona, que cayó en 1950 con la red de enlaces a la frontera. Luis Goytisolo lo recuerda en sus memorias y también cómo aquel episodio bloqueó el ingreso de Gil de Biedma en el PCE. Su novela se tradujo en Rusia, en Bulgaria, en Rumanía y en China. Viajó por esos países para disfrutar los derechos de autor y se estableció una temporada como profesor en Lille. El 10 de diciembre de 1962 apareció muerto en la estación de Príncipe Pío. Dejó inédita la novela El aprendiz de genio , una obra ambiciosa que, según sus lectores de entonces, rompía con las limitaciones del realismo social.