LA 5.ª ESQUINA
Suscripciones populares
Acomienzos del siglo XX, cuando la miseria en España se extendía por los rincones habituales (igual que al empezar el XXI), el Ayuntamiento de Ponferrada acordaba contribuir con 5 pesetas a la suscripción popular —constituida desde Madrid—, para sufragar los gastos del monumento a Emilio Castelar, que fue realizado por el escultor Mariano Benlliure en 1908. Al mismo tiempo, el consistorio abría otra suscripción entre los vecinos para dedicar una lápida conmemorativa a Antonio Villarino, diputado nacional «hijo del pueblo», muerto en 1903. Al estar exhaustas las arcas municipales —quizá por ello los concejales no pasaban de dos años en el cargo y las fiestas se hacían gracias a las aportaciones de los comerciantes y empresarios con más recursos—, eran frecuentes por el país las suscripciones populares para atender tanto al socorro de las familias de los fallecidos en la campañas de Cuba, como para armar buques que trajeran más muertos de la isla, en la desigual lucha contra la marina americana.
A lo largo del siglo XX, por suscripción popular, se han encargado una variopinta mezcla de monumentos para honrar a la Constitución, a Dolores Ibarruri (éste porque habían robado el anterior en Rivas Vaciamadrid), a Delibes o a Robocop, de vertiginosa ejecución gracias a las donaciones de un grupo de artistas y empresarios de la ciudad de Detroit. En el ámbito local, reseñamos las propuestas del ayuntamiento de La Bañeza, en el 2010, para contribuir entre todos al sentimiento motero de la villa o la más reciente para instalar un busto de Ramón Carnicer en Villafranca del Bierzo (con motivo de celebrar el centenario de su nacimiento), donde ya existe otro monumento dedicado al poeta Ramón González-Alegre, logrado con el apoyo económico de sus paisanos y amigos. Y lo que nos queda.
Pero no todas las suscripciones populares son iguales. El político vasco Xabier Arzalluz, encabezó una en el año 2007, para abonar la multa de 900 euros impuesta a un militante del PNV, Alejandro Aranburu, que fue condenado por propinar una patada en los testículos a Antonio Aguirre, miembro del Foro de Ermua. Hay diferencias. Y más cuando el hecho se produce de cintura para abajo. Las suscripciones populares deben recuperarse como metáfora del concejo abierto por el que nos gobernábamos antes. No se si habrá tiempo —antes del fin del mundo de este viernes—, para diseñar una filosofía que nos ayude a crecer como sociedad; a recuperar la libertad de acción que hemos perdido por ceder las competencias intelectuales a fondo perdido. Para ello no hay que poner dinero, sólo voluntad. Si es que nos queda alguna… Había que hacer algo.