Diario de León
Publicado por
LUIS ARTIGUE
León

Creado:

Actualizado:

Es el Miguel de Unamuno de nuestra ciudad. En efecto hay, en esta urbe gótica que es un mundo pequeño repleto de susurros, conjeturas y secretos, gente perdurable cuya presencia nos hace la vida más vivible a todos, lo sepamos a no. ¡Hay gente cuyo prestigio nos mejora!

En este sentido pocas personas tan desnudas como aquellos que son lo contrario de un actor, sí, como aquellos cuyo rostro es el directo reflejo de su alma. Y lo menciono porque en un catálogo de los hombres que no han fracasado en el arte de dejarse crecer la barba podría figurar el catedrático y miembro de la RAE Salvador Gutiérrez Ordóñez con su rostro unamuniano, casi felino, protagonizado también por los ojos que subrayan sentimientos —los cuales, por cierto, se adivinan profundos y complejos—. Ah, el soliloquio de los retratos… Podría figurar ahí pero sobre todo habría de aparecer en el menos frívolo compendio en el que figuran las personas con estatus de leyenda con causa de esta ciudad histórica en la que, cada vez más, bien parece que el viento del pasado mece las ruinas del presente.

Pero no es sólo eso. Tiene también SGO de Unamuno su condición de universitario maestro de generaciones, su vocación de hombre de letras vivas, de persona que vive entre libros y los saluda cada mañana agradeciéndoles los impagables momentos de plenitud y el rosario de sensaciones potentes que le han proporcionado. E igualmente les une a amos su espíritu trabajador casi estajanovista, el afecto de sus muchos amigos y su implicación afanosa en la cultura como una de las pocas armas que nos quedan para hacerle frente al estallido de la barbarie.

Pero a Unamuno le une también el arraigo elegido: ese don, exento del vitalismo en retroceso que es la nostalgia, propio de quien sabe hacer su nido allá donde esté. Y, por suerte, SGO ha hecho su nido en aquí.

Después de que el Ayuntamiento de León nombrara Hijos Adoptivos de la Ciudad a otros dos hombres de letras muy queridos y muy nuestros como son Antonio Gamoneda y José María Merino parecía justo, y necesario, que eso sucediera también con este profesor con sonrisa de reverendo enamorado de las palabras. Sin embargo, como la política tiene razones que el corazón no entiende, resulta que el actual gobierno municipal, a pesar de una petición expresa de la ULE, no lo ha estimado oportuno.

Sin embargo ayer mismo un grupo de amigos de este pilar del edificio intelectual que somos nos hemos reunido para sorprenderle, homenajearle y nombrarle hijo adoptivo, y predilecto, de nuestro corazón.

Una tierra que honra a sus referentes es como un amigo agradecido.

Un intelectual de talla en una ciudad en crisis es como un te quiero en la adversidad.

tracking