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Rentabilidad
En los tiempos que corren no podemos permitirnos lo que no sea rentable. Es el mercado y el dinero quienes mandan y hacen que algo sea viable o se muera por inanición. Pero la rentabilidad cada uno la mira desde su punto de vista y así aunque para un político pueda ser rentable una obra, no necesariamente lo será para el pueblo que en definitiva deberá costearla y mantenerla, cuando no sufrirla indefinidamente.
En los últimos años se han ejecutado en León obras que quedan bien en las fotos pero que no se pueden sostener economicamente hablando o que no debieron ejecutarse, porque ese dinero se ha despilfarrarlo en algo que no hacía falta. Cierto es que la integración del tren de vía estrecha de Feve en la ciudad era una necesidad, por aquello de eliminar barreras entre dos barrios tan populosos como San Mamés y Mariano Andrés, pero eso —que todavía tardará lo suyo— se lograba también sin ponerlo todo patas arriba. Porque hacer el vial que da salida rodada desde Álvaro López Núñez hacia Ramón y Cajal (sueño acariciado por el concejal de Tráfico en los años noventa Luis Fernández Rabanal) es de agradecer por cuanto evita colapsar la plaza del Espolón, ya de por si saturada y más en época lectiva, pero lo que no sirve de nada, o sirve de menos son las escalerillas que se han construido, en dos tramos con distinta dirección y que aunque no están terminadas ya dejan intuir sus problemas y así lo entienden los vecinos, que se han manifestado en contra del fondo de saco que supone el nuevo trazado.
Se puede entender si se trataba de gastar dinero para poder decir que Feve destinaba a León una cuantía importante de sus inversiones, pero no se trata de eso, sino de que la inversión sea realmente rentable y está claro que los vecinos no lo consideran así, porque ahora las escaleras separan todavía más que antes las dos zonas, ya que son demasiado estrechas para la cantidad de gente que las utiliza, especialmente a las horas de entrada y salida de los colegios. También los peldaños son altos e incluso peligrosos por los bordes demasiado afilados. Y hablando de afilar, las viejas piedras no pegan ni con el cemento que las han colocado con el resto de la fea estructura metálica que a modo de barandilla se ha puesto en el puente. Cuando dentro de unos meses esté toda pintada y llena de papeles ya sabrán a qué me refiero. Feliz Navidad, pese a todo.