AL TRASLUZ
Savia sabia
Algunos árboles sí nos dejan ver el bosque. Por ejemplo, los que Norberto Cabezas ha fotografiado para el calendario que Diario de León está ofreciendo a sus lectores.
Son todos ellos árboles centenarios, que ya estaban aquí antes de que usted y yo naciéramos, y lo seguirán estando si algún chiflado no le da por vengarse de algo o de alguien, de nada o de nadie. Un árbol centenario viene a ser el primo de Zumosol: no necesita imponerse por la fuerza, la autoridad le emana de su escalafón de experiencias. Hace unos meses me crucé con Norberto a la salida del bosque El Faedo, en Ciñera de Gordón, y unos días después hablamos sobre esta obra que ahora llega a los leoneses. Por cierto, con una gran acogida, otra manifestación más de que hay un anhelo de regreso a lo esencial, a la Naturaleza más allá del paisaje, sentida como yo colectivo y trascendente. Y luego, claro, hay que ser un artista para plasmarla sin caer en el efectismo estético. Por ello, los árboles de Norberto sí nos dejan ver el bosque, nuestro propio bosque interior. Hace un par de años escribí una guía sobre un tramo del Canal de Castilla, con preciosas ilustraciones de Toño Benavides y maravillosas fotografías suyas: cardos, árboles, sirga, hierro, piedras… y el agua, convertida por él en canto perdido de la Íliada. Precisamente, sus árboles centenarios tienen algo de personajes homéricos, no tanto de guerreros que asedian o son asediados, como de susurradores de augurios: el ciprés de la Anunciada, el Nogal de la Serna, el Tiralón de Castrovelloso… Este hermoso calendario nos recuerda que el bosque somos todos; los árboles, cada uno de nosotros.
Ya de crío me fascinaban los calendarios en que una señorita anunciaba las excelencias del taller Mariano. Ahora, me siguen gustando, aunque sin hacerle ascos a tales gamas del verde, valoro también otras acepciones cromáticas de dicho color. Y Norberto es un maestro en sacarle sus registros más profundos, tal cual es bajo la piel, sin trucos de ordenador.
Cuánta belleza, verdad, amor y paz hallaremos en estos doce meses que nos invitan a esperar. Doce meses con piedad. Doce meses con árboles que sí nos dejarán ver el bosque, pues nos recuerdan que formamos parte de él.