Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

Creado:

Actualizado:

Nunca he olvidado del todo La Historia de San Michele de Axel Munthe, incluso alguna vez he sentido nostalgia de sus historias. La biografía del célebre médico sueco, entreverada de anécdotas y reflexiones sobre la salud y la enfermedad, la literatura y el arte fin de siglo, fue publicada en 1929. Más que por su profesión, alcanzó la fama por este libro traducido a 45 idiomas, que fue muy leído especialmente por los médicos, y que hoy es difícil de encontrar. El título alude a la villa, en la isla de Capri, en la que habitó el escritor buena parte de su vida. En la casa de mi abuelo Félix, que fue médico, había un ejemplar de la editorial Juventud, que fue el que leí entonces. Hace unos días, en un puesto callejero, encontré otra edición, en este caso de bolsillo, que he vuelto a leer en estos días navideños, tan llenos melancolía.

Tras las vacaciones, de regreso a París donde estudió y tiene su consulta, atendida por su compatriota el doctor Norström; éste, que le dobla la edad, se muestra preocupado porque sus pacientes se mudan a la consulta de Munthe. ¿Qué haces? ¿Cuál es el secreto de tu éxito?, le pregunta. Cuestión de suerte, responde Axel, y añade: «tú tratas siempre de explicar a tus enfermos lo que tú mismo no puedes explicarte. Olvidas que todo es cuestión de fe, no de sabiduría, como la fe en Dios. La Iglesia católica nunca explica nada y sigue siendo la fuerza más poderosa del mundo. La Iglesia protestante intenta explicarlo todo y está desmoronándose. Cuanto menos sepan la verdad tus enfermos, mejor para ellos (...). Debes decirles que hagan esto o aquello, que tomen tal o cual remedio para curarse, y que si no piensan obedecerte vayan a otro médico (...). No hablar con ellos demasiado, si no, descubren en seguida lo poco que sabemos».

El párrafo, entre cínico y escéptico —o crudamente realista—, pone de manifiesto que no todo debe ser explicado, que hay que guardar ciertas distancias, que hay espacios que no se pueden sobrepasar porque de lo contrario se pierde la magia y con ella la autoridad que exigen ciertas profesiones. Nuestro tiempo ha arrumbado con todo esto, se han roto las distancias como lo exige nuestro conocimiento arrogante, la vida democrática, el racionalismo de nuestras creencias (que no dejan, pese a ello, de ser creencias, es decir otro tipo de fe). La política es quizá el ámbito en donde hoy esa distancia es menor, y de ahí el desprestigio de los políticos, que han perdido su carácter sacral. «Mira lo que ocurre con la misma familia del médico, escribe Axel Munthe, que siempre quiere consultar a otro». Pero en política no hay otro, somos nosotros y nos conocemos demasiado bien, por eso hay tanta desconfianza; les hemos perdido la fe.

tracking