Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Van a tener razón quienes argumentaban que lo del calendario maya no era el fin del mundo sino la entrada en un nuevo ciclo. Veamos. Leo en la hoja del calendario que este periódico ofrece a sus lectores: «13 de octubre, Santa Celedonia». Así, tal cual. ¿Santa Celedonia? ¿Y qué ha sido de San Eduardo? Esta feo hacer comparaciones pero… ¿conoce usted a alguna Celedonia? Es más, si le preguntásemos al respecto a don Juan Tenorio concluiría, tras escudriñar su amplia agenda: «Ceferina, Crisenda, Crisolda… pues no, no conozco a ninguna». En fin, ha sido un pequeño golpe bajo al amor propio de los eduardos. Pero octubre queda muy lejos, en el cuarto trimestre del año, ese en el que según el ministro De Guindos empezaremos a ver los primeros efectos de la recuperación del empleo. ¡Aleluya! Al parecer, a principios del décimo mes cogeremos el catalejo y gritaremos: «¡Recuperación a la vista!». Vale. El empleo podrá recuperarse, pero a dos o tres generaciones de leoneses ya se nos ha quedado para los restos el temblor en el cuerpo. Es más, por mi parte, cuando salgamos de esta, no pienso volver a consultar cómo va la Bolsa en Wall Street, ni siquiera de reojo.

Por ello, a los reyes magos hemos de pedirle esperanza, que no debe ser confundida con el optimismo, unos galones por debajo en el escalafón del ánimo. Sin esperanza, estamos ya vencidos. Porque, no nos engañemos, León no volverá a ser la provincia que fue antes de que la crisis se desencadenase. Podrá ser otra tierra mejor, ojalá, pero ya no aquella en la que algunos políticos convirtieron las instituciones públicas en algo así como los coros de Nabuco.

Octubre nos resulta hoy un mes lejano. Largo y fatigoso resulta peregrinar en un calendario oscuro. Entonces, hagámoslo en solidaria compañía. Por cierto, «los lejos», así llamaban en la antigüedad a ese paisaje, representación de la Jerusalén Celeste, que se entreve brumoso e idílico en el fondo de los retratos; resultan casi imperceptibles a la mirada, pero están ahí, con su profunda significación. ¿La recuperación del empleo será en el cuarto trimestre? Ojalá. Si fuese así, estoy dispuesto a compartir con Santa Celedonia mi cachín de santoral. ¿Y con San Venancio? Vale… también.

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