LA GAVETA
Mujeres muertas
Hace muchos años, siendo yo niño, un periodista contó por la radio una dura historia de violencia en Ponferrada. La de un hombre que había agredido brutalmente a su mujer embarazada, pateándole el vientre. Aquella mujer perdió a su hijo, la noticia cayó sobre la urbe como una niebla de dolor, pero también de solidaridad. Entonces éramos menos vecinos, y cada crimen se vivía muy intensamente. Despertaba una gran conmiseración hacia las víctimas.
Es la primera noticia de violencia machista que recuerdo. Luego, desgraciadamente, vinieron otras. Porque muchas mujeres del Bierzo, como las de tantos otros lugares del mundo, han sufrido y sufren ese infierno cotidiano del que tantas veces los niños son perplejos y traumatizados testigos. Niños a menudo marcados para siempre, descolocados. Con las consecuencias tristes que cabe colegir. Porque esa barbarie presenciada es un serio obstáculo para construir una vida propia, hermosa y fecunda.
En estos días hemos conocido un caso muy doloroso, de inmensa angustia y con un final terrible. Una mujer, después de denunciar a su hermano por un intento de agresión sexual, cayó en un doloroso magma de sensaciones, de desajustes íntimos. Además, se sabía en el barrio que había tenido depresiones.
Todo ello dibuja un escenario donde no era nada descartable un desenlace tan brutal como el de arrojarse al vacío y morir. En la hora difícil en que la ciudad se adentra en la noche. Obviamente, no digo que haya que culpar a nadie de un hecho tan personal. Una decisión tan dramática. Pero parece que en este caso el cuidado público psicológico podría haber evitado un final tan trágico.
La violencia de género es un problema que atañe a todos los ciudadanos, no solo a quienes sufren esa oscura crueldad. Son muchos los modos en los que cada uno de nosotros podemos y debemos intervenir para atemperar los efectos de una brutalidad tan siniestra y enloquecedora. La tristísima noticia del suicidio de esta mujer acorralada debería ser un acicate para mantener nuestra vigilancia más alerta. Para erradicar cualquier conato de machismo allá donde se produzca. Tantas veces entre adolescentes, para gran escándalo de todos. Y en los demás estratos sociales, en todas las edades.
Han muerto demasiadas mujeres en el Bierzo por causas de las que son responsables sus maridos, sus compañeros, sus hermanos incluso. Muchas veces ese final fue precedido de largos años de crueldad y olvido. Nada duele más que el desamor, nada duele más que la violencia que viene de quien, tan falazmente, decía quererte.
Los tiempos son muy duros y los servicios sociales llegan donde llega. Por eso es más urgente que nunca la concienciación de todos los ciudadanos. Y no dudar en llamar a la policía cuando intuimos la infame expresión de esta violencia.