AL TRASLUZ
Demasiado picante
Hay algo desproporcionado, como wagneriano, en pedir nueve meses de prisión a alguien por una presunta falsificación de un tique de la ORA, por valor de 1,30 euros. El hecho ocurrió en el 2009, no ha pasado tanto tiempo como los veinte años del caso Pallerols pero también son demasiados. Con historias como ésta se escribían en el XIX los grandes folletines: el castigo desmedido, la anécdota que trasciende en dramón… Entre el hecho en sí y la pena que pide la fiscal percibimos cierto desfasín. Este caso, que se verá en los próximos días en los juzgados, no nos parece la madre de todas las falsificaciones, en una sociedad en la que muchos de quienes más tienen han estado viviendo en un constante tocomocho. Lo coloco a medio camino entre la picaresca y la travesura. Intentar dar el pego está muy mal, merece sanción para que la sociedad no degenere en cachondeo anárquico, pero nueve meses de trullo nos parece una petición desmedida. Como diría don Mariano: ¡con la que está cayendo!
Todo ha de tener su justa medida, como el picante. Recuerdo que de chaval me castigaron a copiar quinientas veces aquello de «no hablaré en clase». Ni siquiera estaba dando una conferencia. ¿Fue mano de santo para frenar mi verbo fácil? A la semana siguiente fueron otras trescientas, y a la otra… Y eso que el cura, un santo, me decía compungido: «¡Me duele a mí más que a ti!». Gran consuelo. Además, al compañero de pupitre nunca le castigaron. Disimulaba mejor. Cuánto mejor habría sido un capón y cambiarme de asiento, en vez de tanto mantra correctivo.
Falsificar un tique de la ORA, si es que realmente se ha falsificado, es más pecado venial que mortal. Ni siquiera sirve para que te acepten en la banda de Capone; en este gremio se exige más, como mínimo dos tiques falsificados, y además con nocturnidad, alevosía y antifaz. En cambio, nueve meses son ya un embarazo. Mucho más preocupante nos parecen los robos de cable de cobre, con grandes consecuencias económicas, además de imponernos a los ciudadanos una oscuridad surrealista, de la que se diría que va a irrumpir el aleteo siniestro del cuervo de Poe. ¿Nueve meses? Entonces, pregunto… ¿a cuánto habría que condenar al compositor de El baile del caballo ?