HOJAS DE CHOPO
Cuestión de Patrimonio
Es fácil constatar la riqueza patrimonial leonesa, tanto inmaterial como material. En el primer caso hasta podríamos calificarla de ejemplar, y se puede visualizar en publicaciones llenas de rigor. Otro asunto es del patrimonio material, tanto civil como religioso. A pesar del esfuerzo de las administraciones, innegable sin duda, incluidos los recortes que están llegando aquí también y atenazan el ritmo inversor, queda aún mucho camino por recorrer. Pero en ese camino los criterios que han de apuntalarse especialmente están relacionados con su puesta en valor y aprovechamiento, por una parte, y en la concienciación generalizada de su importancia. Se ha perdido mucho en diversos ámbitos y el esfuerzo colectivo exige no perder, si es posible, nada más.
Viene a cuento esta reflexión inicial a raíz de una circunstancia de la que fui testigo el pasado mes de octubre. Una imagen de San Roque, en lamentable estado por haber rodado durante generaciones por escaleras, campanario, trasteros y sacristías, estaba a punto de ser depositada en el basurero. La suerte quiso que un joven restaurador catalán, descendiente por vía paterna de la localidad protagonista de los hechos, tomase la iniciativa de su restauración, previas todas las bendiciones habidas y por haber. Y un año y pico después la imagen del santo retornó a su lugar de origen, llena de la belleza y plasticidad originales. Resulta que el tal San Roque era una pieza del siglo XIV.
Somos los leoneses muy dados a los lamentos. Es verdad que no nos faltan razones en muchos casos. Pero el lamento como actitud ralentiza la espera y dificulta movimientos, progreso en definitiva. Es lo que ha ocurrido frecuentemente con nuestro patrimonio emigrado, condición adquirida en muchas ocasiones por la venta indiscriminada a aquellos coleccionistas que llegaron a nuestros pueblos con tales intenciones, especialmente en la primera mitad del pasado siglo. ¿Ignorancia, necesidad, indiferencia, desidia?
Hay en Barcelona dos magníficas muestras que contienen piezas leonesas: el Museo Frederic Marès y la Fundación Godia. Del primero se ha hablado con frecuencia, no tanto de la segunda. Alberga ésta piezas medievales excepcionales de la «Escuela de León», de una modernidad asombrosa. Este patrimonio emigrado está en buenas manos, cuidado con mimo. No estaría de más pensar algún día, cuando los vientos económicos sean más favorables, en reunir en una magna exposición parte del mismo. Contemplarlo, además de la invitación a la belleza, se puede convertir en el deseo de cuidar hasta el extremo lo que nos queda. Que no es poco.