Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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El lenguaje de los hechos nos indica que todo se tambalea y parece a punto de resquebrajarse. No obstante, en este León nuestro que es un círculo cerrado y algo claustrofóbico siempre encontramos un motivo para continuar la lucha. Es justamente la lección que imparte a diario doña Luz Muñiz Alique, que el pasado 12 de enero cumplió nada menos que 100 años. De casta le viene al galgo pues es hija de Sixto Muñiz, legendario militar condecorado en la guerra de África y antes en la de Ultramar, pues se le considera una de los últimos, sino el ultimísimo de Filipinas. Los excelentes genes de don Sixto calaron entre los suyos pues José, el hermano de doña Luz, también rebasó antes de su fallecimiento tan centenaria barrera. Resulta muy romántico eso de echar la vista atrás para rememorar aquel mundo cargado de rituales, la España de altar y trono que en 1913 acogió a la hija de tan señero hombre de armas.

El azar suele actuar por su cuenta y riesgo en relación al difícil horizonte del existir humano, así que en la caudalosa trayectoria vital de doña Luz Muñiz Alique se han producido altos y bajos, como es natural. Los zarpazos del destino le arrebataron a su esposo Antonio y también, mucho antes de tiempo, a dos de sus hijas, Mari Carmen y Mari Luz, pero ahí sigue ocupando el sillón matriarcal en su domicilio de siempre, sito en la avenida de Roma, atendida por su última hija Yolanda, a la que considera un regalo del cielo por haber venido al mundo diecisiete años después que Antonio, su único descendiente varón. Desprendida, tolerante y atenta a cuanto sucede en su entorno, sopló como Dios manda las velas de su redondo cumpleaños, acompañada por una familia que la quiere y respeta su esforzado carácter. Es de justicia, pues ya se sabe que los pueblos y las gentes que honran a sus mayores se honran a sí mismos.

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