Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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El campus de Ponferrada es un sueño que la ciudad logró. Un sueño en el que casi nadie creía. Pero sí un pequeño grupo de iluminados de hace cuarenta años. Aquellos patricios de clase media, casi todos vinculados a la docencia, se movilizaron en tiempos tan rocosos y oscuros, se apoyaron en las asociaciones de padres de alumnos de los colegios e institutos, y en 1972 pusieron en marcha el primer centro universitario de la comarca: la escuela del profesorado de EGB.

Muchos años después, frente al pelotón del olvido, se logró la segunda y decisiva parte de aquel sueño antiguo: la creación del campus de Ponferrada, adscrito a la Universidad de León.

Pues bien, esa realidad venturosa, que tanto cualifica y beneficia al Bierzo, está reduciendo su oferta educativa en estos tiempos, lo que siempre es inquietante. ¿Se puede hacer algo para evitarlo? Probablemente ahora mismo no, porque las cifras, más gélidas que nunca en estos tiempos, favorecen las más duras decisiones para salvar los muebles.

Todas las universidades españolas están recortando sus presupuestos. Y a la par suben brutalmente sus tasas, obligando a claudicar a los alumnos menos pudientes, lo que es, de todo punto, intolerable. Y también inútil porque cuanto más caras son, menos dinero recaudan.

En los últimos años, además, arrecian las opiniones de presuntos especialistas que consideran que los campus en pequeñas ciudades deberían desaparecer, dedicándose el consiguiente ahorro a financiar becas para estudiantes y también medios de transporte. Máxime ahora, en el caso de Ponferrada, cuando una estupenda autovía pone la ciudad a hora y cuarto del campus leonés de Vegazana.

Las razones parecen sólidas sobre el papel, pero hay que ver la otra parte: el perjuicio descomunal que se perpetraría en el Bierzo. Y la completa sospecha de que tal argumentación sería una engañifa cruel. Un entregar mucho a cambio de casi nada.

Por otra parte, en cuanto a la posible mejora de la calidad educativa que se produciría si los estudiantes acudieran a León, pues habría mucho que decir. A fin de cuentas, La ULE no es Oxford, y ahí está el modestísimo papel que nuestras universidades juegan en el plano europeo, casi todas ellas clasificadas en la cola o muy cerca de los puestos de descenso.

Habrá que mejorar la calidad educativa, sin duda, y máxime en estos tiempos de crisis, pero la defensa del campus de Ponferrada es legítima, esencial y prometedora. Porque cuando pasen estos tiempos infames, volverá a retomar su vitalidad docente y volverá a ser una estupenda plataforma para la educación, la cultura y el civismo del Bierzo.

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Si se pierde el campus nos vamos a la miseria. Directamente. No pasarán.