Diario de León
Publicado por
Santiago Francisco Benavente. san andrés del rabanedo
León

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Eva: te llevaron a donde deseaste

Recuerdo ante el cuerpo insepulto de Antonio que dijiste: «Me gustaría a la llegada de mi hora ser sepultada en el lugar que nací». Es hermoso, sí; pero la supervivencia nos obliga a lo que Dios quiera. Empezamos a correr por la vida cargándola de promesas que con la separaración se atesoran como hermosos recuerdos.

Escasamente un año y una guerra entre hermanos nos divide. Cerca de tres años: tú como madrina de guerra recibía tus cartas, una bufanda y meses más tarde, unos guantes. Después la deseada paz y, por traslado de mis padres, yo con mi licencia los seguí. Nace nuestra separación que comienza a ser larga y los años se adueñan de nuestros recuerdos que convertimos en distintas realidades. Me asomo al paso del pueblo que ya no era: Torre de Santa Marina y sí del Bierzo. El destino se abraza a nombres que se rompen y con ello merma la población ferroviaria y minera y, como si tuviese que ser para el pueblo; se declara un desgraciado y luctuoso suceso que contó unos cientos de muertos y un compañero de armas; nada me obliga a detener mi viaje. Muchos años que desgajan las familias y las reponen con nuevas vidas.

Voy aumentando el mazo de unos libros escritos por mí y crece el deseo de enviarte, Eva, con algo de retraso, un ejemplar. Un pariente me ayuda a localizar tu residencia, pero a escasos días una llamada me nombra con voz triste: «Eva falleció no ha mucho y la hemos enterrado aquí, según su deseo». Colgamos nuestros aparatos y... seguro que una o más oraciones fueron a su cielo.

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