editorial
Alta tensión, sólo una tregua tras la batalla
«Si es necesario, nuestros hijos y nuestros nietos seguirán la lucha». Camino Alonso, portavoz de la plataforma Sama-Velilla, no tiene claro que la batalla contra la línea de alta tensión que surcaría 88 kilómetros de espacios protegidos en la provincia haya sido ganada. Efectivamente ha desaparecido del listado de ochenta infraestructuras energéticas consideradas «críticas» por el Gobierno y, por tanto, de urgente ejecución. Pero el plazo es sólo hasta el año 2016.
Más peso que era circunstancia tiene la nueva realidad económica del país. Ejecutar el proyecto supone una inversión de 40 millones de euros, a los que habría que sumar enormes cantidades en indemnizaciones a lo largo de los 124 kilómetros de trazado.
Además de no considerarla prioritaria, el Gobierno no tiene posibilidad de financiar esa inversión y no parece que vaya a tenerla a corto y medio plazo. Y ese es un argumento más poderoso contra la línea que el rechazo social generado y las más de 27.000 alegaciones presentadas.
Pero hay más razones para el optimismo de quienes defienden el estado de las cosas en la Montaña. El gran polo energético soñado por Asturias se desvanece en la misma medida en la que cae el consumo energético nacional. La realidad es muy tozuda y las necesidades bien distintas. Y es justamente esa realidad la que ha venido a dar la razón a quienes lideraron el rechazo a la línea, que fue social, pero también político. De unidad política. Invirtiendo los términos se diría que no hay bien que por mal no venga.