CRÓNICAS BERCIANAS
Se traspasa
N i la Ciudad del Dólar, ni la Ciudad de la Energía, ni mucho menos la pequeña Vizcaya que imaginó bondadoso el viejo ingeniero Lazúrtegui. Ni Ciudad del Cine, ni tampoco Ciudad Universitaria. Esta Ponferrada calderoniana parece que se haya a punto de fundir en uno solo todos esos carteles que adornan los locales huérfanos de actividad de sus vías comerciales e izarlo sobre el gran promontorio fúnebre de Montearenas como signo de rendición: «Se traspasa urbe por no poder atenderla». La asfixia económica y social en la Costa del Sil es sólo comparable ya a la sensación que uno tendría si enchufara directamente la boca en una de las chimeneas de la térmica de Compostilla II a pleno rendimiento. Cómo si todo se concatenara por deseo expreso de alguien para apretar y apretar más las clavijas y no dejar ni un resquicio a la penetración de un hilo de oxígeno.
Y lo peor, y perdón por las comparación, es que aún hay quien pretende convencernos de que camino a la cámara de gas en realidad sólo van a despiojarte y asearte para un futuro mejor. Esa es la impresión que transmite la cantinela de algunos políticos cuando hablan del Campus del Bierzo y para justificar la eliminación de titulaciones echan mano de la letanía de que los tiempos del despilfarro se han acabado. Ese argumento es válido para los sueldos de los cargos públicos, de los asesores por doquier, del abuso en las recetas o de la duplicidad de administraciones inservibles. Pero en el caso particular de la creación del campus ponferradino hay que recordar siempre a quienes a la ligera invocan ahorro y eficacia, que tanto a la Junta de Castilla y León como a la ULE su infraestructura les salió «gratis».
A la dotación del campus contribuyeron más de 4.000 millones de las viejas pesetas procedentes de los fondos para la reactivación de las cuencas que la sociedad berciana creyó mejor empleados en un proyecto educativo y social de una magnitud que los Santoyos , los Penas y los Hermidas nunca se han preocupado demasiado por bruñir como era debido. Derroche y despilfarro es llegar a observar las instalaciones excelsas del campus berciano, desde su cafetería hasta sus salones de actos o espacios hurtados a la investigación, reducidas al uso de un par de cientos alumnos. Si Agroalimentarias no ha resultado atractiva en una comarca como ésta es porque alguien se ha ocupado mimosamente de afearla.