Diario de León
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javier fernández arribas
León

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La respuesta a esta pregunta, aparentemente sencilla e ingenua, es el meollo de la cuestión que se presenta de gran calado y profunda repercusión para toda España. Hay varias opciones, en el plano corto, para pensar en una acción meramente defensiva y desafiante del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, para demostrar que si él cae, todos caerán con él. Incluso, de un presunto colaborador que se siente acreedor de una cuenta de servicios trascendentes que se vio ignorado, ninguneado y despreciado por un aparato insaciable de dinero. La intervención de Mariano Rajoy tuvo un tono personal convincente de cara a los ciudadanos pero todo lo publicado le ha ocasionado tal déficit de credibilidad que el impacto en la opinión pública no consiguió todos los objetivos que perseguía.

Hay una percepción de que el presidente no es un corrupto pero nadie cree que su partido no haya recibido comisiones de empresarios que se han beneficiado de la concesión de obras y contratos. El problema es que estas actuaciones delictivas y vomitivas, en numerosas versiones, se extienden a otras formaciones políticas. Desde los ERE en Andalucía en el partido socialista que parecía vacunado con el caso Filesa, el 3% en Cataluña más el pozo sin fondo del Palau y las ITV y, lo que más nos descoloca, el caso Urdangarin que desprestigia al Jefe del Estado. Si a esta situación que dibuja un cuadro sensacionalista de corrupción con una Justicia desesperantemente lenta y, por tanto, ineficaz y manipulada, se le añade la crisis económica con seis millones de parados y la deriva soberanista de Cataluña tenemos una crisis de proporciones trascendentales. Entonces, volvemos a preguntarnos ¿quién mueve los hilos y fabrica unos papeles para dos periódicos con la intención de dinamitarlo todo? Rajoy lo sabe y dijo que el acoso que sufre no le hará ceder. España necesita una reforma política en profundidad, una nueva transición, y Rajoy no debería resistirse a liderarla, le cueste lo que le cueste.

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