EL CORRO
Sin alternativa
Aunque no hay elecciones a la vista y tendría que suceder un cataclismo para que el Partido Popular viera amenazada su hegemonía en Castilla y León, las nutridas huestes del partido en esta Comunidad no han podido sustraerse a la conmoción interna originada por el caso Bárcenas. Entre otras cosas porque, más allá de las implicaciones territoriales, el escándalo afecta a la propia médula de la formación y empaña la imagen del Gobierno Rajoy, cuya legitimidad ya estaba muy en entredicho tras incumplir sin miramientos su programa electoral.
El PP pasa sus horas más bajas en toda España y Castilla y León no iban a ser una excepción. No se recuerda otro momento tan crítico desde marzo del 2004, cuando la inesperada derrota de Rajoy a manos de un emergente Zapatero sumió al partido en una profunda depresión. Aquel vuelco electoral no estaba en sus planes y produjo un trauma del que los populares tardaron en recuperarse.
La estrecha vinculación de Zapatero a esta Comunidad disparó las alarmas del complaciente PP de Castilla y León, en cuyas filas cundió el pánico ante un posible «efecto» que pusiera en peligro su hegemonía. Hasta tal punto fue así que Juan Vicente Herrera tuvo la iniciativa de remodelar su gobierno en busca de un nuevo impulso político que contrarrestara el avance socialista. En sus doce años al frente de la Junta, ha sido la primera y única vez que el presidente Herrera ha reajustado su gobierno en medio de una Legislatura.
Con el paso del tiempo el temido «efecto Zapatero» se diluyó por completo y con él aquella efímera expectativa de alternancia de gobierno en esta comunidad autónoma. Y aunque la Junta haya adolecido de falta de impulso político, sin ir más lejos en este último año, su presidente no se ha vuelto a plantear ninguna remodelación.
La novedad respecto al pasado es que un eventual desplome electoral del PP no tiene ya como automático beneficiario al PSOE. Ese trasvase de votos entre los dos partidos mayoritarios —cuando uno sube el otro baja y viceversa— ha saltado por los aires desde las pasadas elecciones generales. A tenor de los sondeos electorales, los socialistas, no sólo no rentabilizan el fuerte deterioro sufrido por el gobierno Rajoy, sino que ellos mismos han perdido apoyo con respecto a las últimas elecciones generales. Y esto, que refleja la brecha abierta entre los partidos tradicionales y la ciudadanía, es algo inédito en la política española.
Por si fuera poco el PSOE de Castilla y León arrastra el problema de su bicefalia, con dos líderes, Óscar López y Julio Villarrubia, que no comparten la misma estrategia de oposición y que andan recorriendo la Comunidad como si estuvieran en precampaña de unas elecciones primarias que no tocará celebrar hasta dentro de dos años.