RÍO ARRIBA
Roma versus Rentería
Los españoles tenemos la oportunidad de mirarnos ahora en dos espejos muy diferentes, uno más esperanzador, expresado en las conversaciones que desarrollan discretamente los concejales de Rentería por superar décadas de confrontación y odio visceral, y otro el de Roma, azogue pomposo y guiñolesco donde los haya, donde está a punto de escenificarse, por enésima vez, una opera bufa que puede dar al traste con el futuro del país.
Si, como parece, España se aproxima cada día más al modelo italiano, nos espera una tragedia cuyos matices grotescos alcanzarán cotas difíciles de superar. Nuestros vecinos, si la cordura y la inteligencia no lo remedian, están a punto de saltar a un escenario donde, bajo un libreto mediocre, actuarán mezclados el rostro botulínico de Silvio Berlusconi, los visajes de un cómico llamado Beppe Grillo, la estupefacción del socialista Pier Luigi Bersani y el gesto melifluo de Mario Monti que, dicho sea de paso, apenas obtendría un 13,6% de los votos. Un panorama que podríamos imitar fácilmente desde aquí a poco que aparezca algún salvapatrias, o si quienes nos representan continúan dedicándose a corromper, envilecer, engañar y devastar a la vapuleada sociedad española.
En el polo opuesto de esa siniestra tribuna, y de modo sorprendente, un puñado de concejales de Bildu, PP y PSE, antagonistas políticos hasta la médula, han decidido negarle al destino sus profecías más nefastas y sombrías. Para quien no lo recuerde, esa localidad donostiarra era en los años ochenta una especie de Belfast español, un territorio comanche donde el horror y las balas formaban parte de su vida cotidiana. Que se dediquen ahora a formalizar algún modo de entendimiento resulta conmovedor, aunque solo alcancen una suerte de respeto mutuo y honesto.
Ha llegado la hora de elegir entre el enfrentamiento crónico o el pacto, sea al nivel que sea (local, provincial, regional), que nos permita salir juntos del mondongo que nos hemos y nos han creado. Es muy, muy difícil que los sectarismos, la demagogia, la rivalidad ciega y el ««tú más»» nos permitan concebir grandes esperanzas, pero ahí está el ejemplo inaudito de Rentería: incluso si acaba en fracaso, habrá merecido la pena que lo hayan intentado.