Diario de León
Publicado por
CAYETANO GONZÁLEZ
León

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Nunca antes había sucedido que la suma de la intención de voto de los dos grandes partidos, el PP y el PSOE, superara escasamente el 60%. Eso es al menos lo que han puesto de manifiesto las últimas encuestas publicadas por diferentes medios y también la del CIS. Siempre esa suma, tanto en las encuestas como en las urnas, había sobrepasado el 80%. ¿Está el bipartidismo en crisis? ¿Qué está pasando para que esta tendencia se haya roto?

Fundamentalmente lo que está pasando es que los ciudadanos han dejado de confiar en los dos grandes partidos. La crisis económica que estamos viviendo, con las consiguientes medidas que han tenido que tomar tanto el PSOE de Zapatero como el PP en los 14 meses que lleva Rajoy en la Moncloa, desdiciéndose ambos de lo que habían sido sus promesas electorales, tiene mucho que ver con esa quiebra de confianza. Pero no sólo ha sido esta la causa. Los casos de corrupción que afectan a ambos partidos y la forma de hacerles frente por parte de los actuales dirigentes también les está pasando una enorme factura.

Al ciudadano de a pié le resulta escandaloso, por ejemplo, que el PP pactara con su ex tesorero Bárcenas pagarle durante dos años un finiquito de 400.000 euros en «cómodas mensualidades» de 16.666 euros, haciéndose cargo además de la cuotas a la Seguridad Social después de echarlo del partido tras descubrirse su implicación en la trama Gürtel. También resulta escandaloso que a otro implicado, Jesús Sepúlveda, se le mantuviera hasta hace unos días en nómina a cambio de que enviara desde casa informes. En la otra orilla, a los ciudadanos también les escandaliza que Rubalcaba llegue a pedir la dimisión de Rajoy, cuando en su partido tiene casos para dar y tomar, empezando por los eres fraudulentos de la Junta de Andalucía y siguiendo por el caso Campeón que puede llevar al banquillo al ex ministro de Fomento, José Blanco.

Que el bipartidismo PP-PSOE entre en crisis y se rompa puede tener más ventajas que inconvenientes. El que haya más partidos para condicionar la formación de un Gobierno de centro-derecha o de centro-izquierda siempre será bueno. Pero si la consecuencia de esa crisis es que crezca la IU de Cayo Lara o que por la derecha surja un iluminado tipo Berlusconi, entonces a lo mejor sería el momento de pensar aquello de «Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy».

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