Diario de León

TRIBUNA

La deuda de León con Fernández Santos

Publicado por
Saúl Garnelo Merayo. Doctor en Filología Hispánica. Profesor de Lengua castellana y Literatura de IES
León

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El 2 de junio de 1988 moría el escritor Jesús Fernández Santos. Cualquiera que desee profundizar hoy en su figura encontrará con total seguridad una breve referencia a su primera novela, Los bravos , que los críticos señalan como la obra pionera de la corriente social allá por la década de los cincuenta. Y poco más.

Sin embargo, la tarea literaria de Fernández Santos, dejando al margen sus notables contribuciones en el terreno del cine y del documental, abarca más de treinta años. Fue este un período decisivo para la configuración de la novela española actual y a la que él contribuyó con decisivas aportaciones que van desde el neorrealismo literario, sí, pero que también incorpora las novedades técnicas del periodo experimental de los años setenta hasta desembocar en obras de corte histórico.

El hecho de que un autor que obtuvo un gran reconocimiento de público y crítica, ahí están premios como el Nacional de Literatura, el de la Crítica o el Nadal, y que, tras su muerte, haya sido relegado al cajón del olvido no es nuevo. No es este el momento ni el lugar de citar otros nombres que también claman justicia.

Tampoco es extraño que una vez más se cumpla el conocido dicho de «Nadie es profeta en su tierra». ¿Su tierra? Sí, porque muy pocos saben que Jesús Fernández Santos desciende de Cerulleda, un pequeño pueblo de la montaña leonesa a escasos kilómetros de coronar el puerto de Vegarada. Allí regresaba siempre que podía y allí encontraba la tranquilidad necesaria para escribir.

Pero además, Fernández Santos escogió varios escenarios de nuestra provincia para situar algunas de sus novelas más importantes: la dura vida en el medio rural de la ya citada Los bravos ; los complicados inicios de una comunidad protestante en la zona de Jiménez de Jamuz que nos presenta en su Libro de las memorias de las cosas ; el recuerdo de la leyenda de la Dama de Arintero, protagonista de La que no tiene nombre , que le sirve para ambientar las luchas dinásticas en la Castilla del siglo XV; o la llegada de la guerra civil al valle del Curueño en Los jinetes del alba , novela que acabaría convirtiéndose en serie de televisión.

Y pese a todo ello, Jesús Fernández Santos sigue siendo un gran desconocido, también en León. Es cierto que nuestra sociedad, y más concretamente el mundo editorial, se mueve a una velocidad vertiginosa. Por eso, aquellos que nos dedicamos a la docencia y a la investigación debemos intentar frenar esta tendencia, echar la vista atrás y, a través del análisis sosegado, recuperar a figuras tan importantes para nuestra cultura. Y el caso que nos ocupa lo merece.

Ahora que todavía resuenan los exitosos ecos de los actos de homenaje a Ramón Carnicer, es el momento de orientar los esfuerzos, instituciones incluidas, hacia la figura y la obra de nuestro paisano Jesús Fernández Santos. Solo así quedará saldada una deuda que sigue vigente veinticinco años después de su muerte.

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