AQUÍ TE ESPERO
Ángel Córdoba
Alegre es el calificativo que más le cuadraba a Ángel Fernández de Córdoba, Córdoba para todos. Ese era el comentario más escuchado ayer, a las puertas de la iglesia de los Agustinos, donde se habían oficiado las exequias por su alma. Los amigos de Córdoba abarrotaron el templo, como ocurrirá también hoy en el funeral que se oficiará en la misma parroquia.
Ángel Córdoba era una persona alegre, algo que cada vez abunda menos en esta vida ajetreada que padecemos. Una alegría generosa que compartía con todos cuantos hablaba. Y esos son muchos, porque a lo largo de su dilatada vida se movió en numerosos ambientes juveniles, deportivos y de la enseñanza. Algunos le conocieron desde niños en los campamentos de la OJE y luego les acompañaría a lo largo de su vida si practicaban balonmano, atletismo, hockey, rugby, montañismo, vela e incluso gimnasia rítmica, porque a Córdoba todo lo deportivo le interesaba.
Yo le conocí a finales de los años 60, en la sede de la OJE, que fue donde tuve que realizar el Servicio Social durante los tres meses de verano, requisito entonces imprescindible para conseguir algunas cosas, como poder sacar el carnet de conducir, que era mi caso. Entonces no me fijé demasiado en aquel señor con bigote en una cara sonriente, pero años más tarde esta profesión me hizo ponerme en contacto con él y ya no lo perderíamos, aunque pasara tiempo sin vernos.
Como buena persona alegre era tremendamente generoso y le gustaba ayudar. Con ocasión del Libro del Siglo que publicó este periódico acudí a él y me brindó una inestimable ayuda, porque me dijo que había pensado hacer algo similar a un quién es quién del deporte leonés y no tuvo reparos en orientarme e incluso dejarme fotografías y datos biográficos de algunos personajes deportivos que por su edad yo no había conocido y Ángel Fernández de Córdoba contaba entre sus amigos. A pesar de que muchos de ellos no residían en León e incluso los había perdido la pista, juntos disfrutamos localizándolos y pasándonos los datos que conseguíamos, con una ilusión y unas ganas por lograr completar lo más posible esa panoplia de gentes leonesas del deporte, de aquel deporte no profesional, que le costaba dinero a quien lo practicaba. Y de ese altruismo Córdoba sabía mucho. Descansa en paz, Ángel, aunque te imagino buscando en el cielo a alguno de los deportistas que todavía no habías localizado.