CRÓNICAS BERCIANAS
Calatravas
Salió meridianamente airoso el nuevo semisheriff de la Ciudad de la Energía del parto de su primera comparecencia ante los medios nueve meses después de su llegada al cargo. Abrigado por la coyuntura holocáustica, el debate sobre las «competencias impropias» y la aversión a los aeropuertos sin aviones —como el de León— o los Aves que hacen escalas en aldeas de veinte habitantes, fue capaz de justificar el tijeretazo multimillonario que sufrirán las inversiones de la Ciuden en los próximos tres años. Resultó especialmente atinada su apelación al calatravismo arquitectónico, mientras anunciaba la reanudación de una obra como es la de la sede central del Museo de la Energía que al margen del hecho en sí supondrá una reactivación notable de los sectores ligados a la moribunda construcción. El semi-sheriff de la Ciuden recordó que ya no caben más Calatravas en este país para descartar que Ponferrada pueda lucir cual Niemeyer inservible y carísimo un mar de curvas de acero y cristal para albergar el ostentoso Bosque del Carbonífero que soñó el comisario Azuara nadando en la abundancia y en su propia megalomanía.
Podemos prescindir de los helechos gigantes importados directamente del paleozoico neozelandés a un precio desorbitado y de las reproducciones de superlibélulas para imaginarnos el origen de Victorino Alonso. A nadie le importará que la sede central del Museo haya que «caminarla» en lugar de visitarla sobre escaleras mecánicas; que se rebajen las calidades suntuarias que adornaban el interior de Compostilla I, el cine de lujo y una residencia no se sabe muy bien para uso y disfrute de qué harén. La «coartada Calatrava» para rescindir esos compromisos de la Ciuden con el territorio y el de apostar por el proyecto museístico sin alardes además de por la investigación de la captura del CO2, incluso a través del mecenazgo como complemento de lo público, resultó perfecta.
Lástima que acabara incluyendo en ese saco el probable enésimo incumplimiento de la Ciuden de sellar el compromiso urbanístico de remodelar los campos de fútbol que más servicio social prestan a todo el Bierzo. Eso sonará a miles de familias —digo miles— a Calatrava. Pero a alguno de aquellos estrafalarios hermanos reyes de la humorada. Mejor que pensar que oculta otros intereses aviesos que puedan servir de excusa a su vez al gobierno municipal. Ruiz debe cumplir ya.