FUEGO AMIGO
Ajustes fronterizos
Alo largo del 2013 cumplen doscientos años las diputaciones, que fueron una creación de las Cortes de Cádiz, y veinte menos las actuales provincias, cuya demarcación se aprobó el 30 de noviembre de 1833, después de casi medio siglo moviendo el mapa. Lo traigo a cuento porque esta semana el Ayuntamiento de Cabrillanes ha dado un nuevo paso judicial para ir recuperando el mordisco a su territorio avalado por el Servicio Geográfico del Ejército en agosto de 1946. Aunque no se trata sólo del límite entre Cabrillanes y Somiedo, sino de la frontera autonómica, los babianos pelean desde hace diez años en solitario para reparar el hurto de un deslinde cuartelero chalaneado en la posguerra.
De momento, los tribunales van dando la razón a Cabrillanes, a la vez que desautorizan el criterio de la dirección general del ministerio de Montoro, partidaria de mantener las cosas como están. O sea, mal. En el pleito, los asturianos van a una, con su gobierno a la cabeza, mientras los babianos andan solos, sin auxilio provincial ni autonómico. Y a pesar del desamparo, ya llevan 798 hectáreas rescatadas de aquel reparto de merendola. Un territorio protegido que pasa del espacio natural de Somiedo al de Babia. En realidad, nuestro espacio natural no se llama así por una cacicada, sino Valle de San Emiliano, denominación que supone otra merma dolorosa. Y una afrenta a la universalidad de Babia.
En las disquisiciones para el correcto deslinde de este territorio natural, se ha manejado una Ejecutoría dieciochesca que establecía la raya entre Babia, Somiedo y Laciana, concejos integrados entonces en León. Aquella primera división provincial de Floridablanca, en 1789, asigna a León los partidos de Ponferrada y Oviedo. Diez años más tarde, se crean las provincias marítimas y entre ellas Asturias, que se separa de León. Luego vendrá la división en departamentos fluviales, promovida por Bonaparte con criterios cartesianos y sin adornos históricos. León se llama Departamento del Esla, tiene su capital en Astorga y cuenta con los partidos de Benavente y León. Son divisiones de papel, como la que convierte en provincia al Bierzo en 1822, abolida un año después por el absolutismo.
Por eso, hasta finales de noviembre de 1833, Mansilla de las Mulas y Mansilla Mayor, El Burgo Ranero, Villamarco y Santas Martas siguen siendo de Valladolid, como Gradefes y toda la Tierra de Rueda del Almirante, desde Valporquero y San Bartolomé hasta Llamas y Herreros. También Villaquejida, Cimanes de la Vega, Matanza o Escobar de Campos. Este trasiego decimonónico de pueblos y jurisdicciones se completa ahora con el retorno a Cabrillanes de un territorio natural atribuido a Asturias por el ojeo cuartelero de una posguerra aterida de miedo.