Diario de León
Carlos Frá
León

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En cuestión de días o incluso de horas se va a ratificar el mayor atraco bancario ocurrido por estas tierras en toda la historia y lo peor es que el caso ni siquiera llegará a tener un pase por los juzgados. Desde Bruselas se dará luz verde sin duda a la pérdida para León y para toda la Comunidad de uno de sus patrimonios más importantes y con más posibilidades. Y lo más llamativo es contemplar como todo el mundo se ha puesto de perfil porque el que más y el que menos en el panorama político-sindical-económico de estas tierras está tocado por la magia de los flecos de una sucesión de hechos que han llevado al abismo a la Caja.

Entre todos y con la connivencia de otros muchos a León la van a dejar sin caja, la van a «desencajar» (Sacar de su lugar algo, desunirlo del encaje o trabazón que tenía) sin que a nadie se le desencaje ni siquiera la cara (Desfigurarse, descomponerse por enfermedad o por pasión del ánimo).

En la Caja unos y otros, y también los sindicatos y los agricultores, han ido de la mano en una huida hacia adelante que dejó la entidad exhausta y a merced de una situación que en forma de guinda llevó a sufrir dos años de inacción a la espera de que el malagueño Medel dijese el «sí quiero». Y aquel, que sí demostró que sabe dirigir una entidad financiera con total éxito, aguardó tormenta tras tormenta hasta que la Caja de estas tierras se vio tan erosionada que cayó en sus manos como fruta madura. Y como sabe tanto de números ahora nos vende como un logro el que mantendrá la marca quizás para que la tomadura de pelo se mantenga en el tiempo consiguiendo que ese gran teatro que ha sido la historia de la Caja en los últimos años viva nuevos episodios del «aquí no pasa nada» y «aquí no ha cambiado nada».

Hay momentos en los que no valen las huidas hacia adelante y los ciudadanos, los impositores —que son los que realmente hacen las cajas de ahorro— se merecen conocer la verdad de lo ocurrido. La pérdida para León es demasiado grande y todo esto pasa ayer, hoy y mañana envuelto en un velo que lo hace aún más inquietante. Para la sociedad, para aquellos que lideraron la entidad en los tiempos previos a las dietas se hace complicado entender que la Caja se cierre y se arroje la llave al Bernesga sin al menos un gesto de sonrojo.

Quizás a más de uno habría que mandarlo para casa con «cajas destempladas» como dice la sabiduría popular...

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