PANORAMA
El enigma
Es grande la dificultad para establecer un juicio sobre el legado tangible de Hugo Chávez: apenas nada se supo aquí, durante sus 14 años de mandato, de en qué medida redundó éste en la felicidad o en la desgracia del pueblo venezolano. Comunicativo y mediático, efectista y teatral, raro fue el día en que Chávez no apareció en nuestros noticiarios cantando, bailando, saltando, arengando, gesticulando, rezando, retando o recitando, pero de su política, que la tuvo y la hizo, casi nunca se dijo nada, más allá de la relativa a sus forcejeos con la oposición.
Indio y de humilde extracción, es natural que en Washington o en Europa no se le viera con muy buenos ojos. Su devoción por Castro, su populismo exaltado, su desinhibición verbal o su internacionalismo tampoco contribuyeron a centrar sobre él una mirada serena.
Sin embargo, ni fue un criminal, ni accedió al poder por otra vía que la del sufragio, ni dejó de tender puentes, a su manera, a la concordia internacional.
Uno sabe algo, porque va con el oficio, sobre el impacto en el pueblo venezolano del uso que Chávez hizo del petróleo para el bienestar de los más carenciados, y no solo, como hicieron sus antecesores, para la corrupción y la mayor miseria de aquellos. También sabe que esa revolución chavista tuvo más de cosmética que de justiciera, y acaso también que con Chávez se extinguirá el chavismo, por ser éste una creación demasiado personal. Maduro, oscuro y soso, no hereda el carisma, y queda por ver qué hereda de éstos 14 años el pueblo, al que se desea, desde luego, lo mejor.