Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Vivimos tiempos tan ruines que, para olvidarnos por un rato del asfixiante presente y el cabildo de gañanes que lo protagonizan, resulta todo un placer ponerse a rebuscar en el baúl de los recuerdos. Me refiero a la enciclopedia de nostalgias recogida en el archivo histórico del Diario de León, un periódico nacido allá por el remoto año 1906 con el objetivo de convertirse en notario de los aconteceres provinciales. El tiempo, ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente, no ha pasado en vano, enterrando para siempre aquella España de ritos y credos sumida en una existencia tan arcaica como tradicional. Un periodista es, por definición, gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente. Por eso mismo, la trama informativa diaria redactada por nuestros antecesores en el periódico pivotaba en buena medida en torno a la mujer, ese enigma insondable que, a decir del desquiciado Rasputín, dispara la gozosa ebriedad de vivir.

Junto a los gatuperios perpetrados por cabecitas locas como la de Chorrica la Afilaora, una palomita de penosa reputación que tramaba sus líos en la barriada de San Lorenzo, el lenguaje de los afectos se centraba más bien en los avatares del ramillete de bellezas casaderas que competían entre sí por las atenciones de los galanes de turno. Muchachas de torneadas piernas y figuras pintureras que se iban incorporando, generación tras generación, al buen decoro de la conducta burguesa. ¿Qué es la mujer? Pues hablando en antiguo, y a decir de uno de nuestros redactores, «es la que enseñó al hombre a amar y a odiar, a luchar, a vencer, a sufrir, a pensar, a matar, a vivir y a morir resignado con su propia suerte». ¡Cáspita! Yo me quedo más bien con la siguiente prescripción facultativa: «el tratamiento ideal para la gripe consiste en píldoras y muchas chiquillas bonitas». A eso me apunto.

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