Diario de León

TRIBUNA

La resaca estatutaria del ente autonómico

Publicado por
Máximo Soto Calvo. Asociación pro Identidad Leonesa
León

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Ya han celebrado el XXX aniversario del Estatuto de autonomía aquéllos que pueden hacerlo, por ejemplo: Los políticos ejercientes, pues supone un buen número de puestos de trabajo directos para ellos, y un no menor de indirectos para sus favorecidos. Otros son los paniaguados, pues siempre hay quien se aprovecha de toda coyuntura, haciendo caso omiso de valores y sentimientos. Y puede que también la parte popular castellana del ente autonómico, ésa que se identifica con el montaje comunero de Villalar como pretendido festejo comunitario, algo que los leoneses nunca asumiremos.

El Estatuto que estamos soportando los leoneses es un documento falseado desde los orígenes. Y lo explicaremos, pero no sin recordar que los leoneses, no estamos por voluntad popular en este ente autonómico, sino por imposición política, pues los políticos de allá, de Castilla, y los de aquí, de León, los «nuestros», que en vaivenes de ahora sí, ahora no… esperar por un referéndum decisorio, al final por obediencia partidista y del bolsillo, ayudaron a meternos en este maligno invento. Maligno por cuanto desde sus inicios están tergiversando la historia y anulando nuestra territorialidad y personalidad leonesas.

Y dicho esto que enlaza con lo de la falsedad estatutaria originaria, digamos que ésta consiste en haber hecho residir por Ley Orgánica de 25 de febrero de 1983 en un pueblo inexistente, el castellanoleonés, la voluntad de constituirse en comunidad. Más bien una doble falsedad, conviene añadir, puesto que, además de no haber existido ese pueblo nunca, los leoneses, como tales, jamás apuntamos tal conveniencia autonómica, todo lo contrario, lo rechazamos fehacientemente en multitudinarias manifestaciones.

El señor Herrera presidente del ejecutivo autonómico, tiene un temor oculto después de los treinta años transcurridos, lo delata el titular que dio: «la necesidad de reencontrar y restaurar el consenso básico de las fuerzas políticas en torno al modelo constitucional autonómico…» Unas fuerzas políticas, entre las que están los «nuestros», tanto del PP como del PSOE, que nos tienen secuestrada la voz. Y si piensa que los leoneses ya no tenemos otra voluntad autonómica, o se nos puede silenciar para siempre, se equivoca. No nos incordie en demasía no sea que esto suponga el empujón que necesitamos para entrar en otra fase dinámica, latente desde siempre, de rechazo definitivo del ente autonómico, que pueda resultar tan imparable para él, como necesario para nosotros. En cuanto a la constitucionalidad de la Comunidad ésta, es cuando menos dudosa, en función de que se está conculcando la pervivencia de la identidad cultural leonesa, en beneficio de ese invento autonomista de «identidad comunitaria», tan cara en propaganda como inalcanzable.

Con el reto institucional que anuncian haberse marcado los autonomistas del ente: «definir un proyecto de comunidad que cohesione y refuerce la identidad», vienen en reconocer que, fracasado el intento, vano intento de treinta años de pueblo único e identidad única, y sin limitación de gastos del dinero de todos, seguimos en un ente dual que se empeñan en tratarlo como si de una singularidad se tratara. Y se han de conformar con un pírrico «sentimiento de comunidad» que dicen encontrar; justo en el que se oculta el descomunal fracaso de la bien dotada económicamente Fundación Villalar.

Y por favor, señor Herrera, no hable de separatismos; respecto a Castilla y León los leoneses podíamos hablarle de anexionismo.

Ya en casa, ¿cómo se atreve la señora Carrasco, la presidenta provincial, a decir allí, en Valladolid, que «la provincia leonesa está perfectamente integrada»?, ¿dónde ha visto ella a los leoneses celebrar la fecha estatutaria? Es puro cinismo lo suyo. Ella será la integradora oficial, la que persiste en la idea de mantenernos atados a un ente que no deseamos.

En su afán de agradar a los jefes autonómicos, va y añade que «hace votos para que se celebre muchos años». ¡Habrase visto!, claramente nos está tomando por imbéciles. Desde ningún punto de vista la Comunidad nos ha sido propicia, no ve más allá del balcón presidencial, ésa es la razón. Con ella en el poder provincial no podremos los leoneses aspirar a vivir en paz en nuestro territorio regional leonés, nos lo impide. Y así las cosas, desconfiemos plenamente de ella a la hora de defender las Juntas Vecinales, el Concejo Abierto y todo cuanto nos identifique, pues puede esto molestar a su ente autonómico

El profesor y socialista, Óscar Sánchez, uno de los diseñadores de la última reforma estatutaria, vaticinó que «iba a ser el estatuto de la gente»; como agorero se ha visto que no tiene futuro, lo suyo debe ser seguir dando pábulo al ente. Ahora, en el XXX aniversario del estatuto, ha dicho, según los medios, que la comunidad Castilla y León (igual que otras) «ha de justificar su propia existencia», ¿a quién le cuenta esto a los leoneses? Y más aún, «Castilla y León debe definir un proyecto de Comunidad…cuestión compleja porque la propia comunidad lo es». Esto, «tan meritorio» merece un aparte. Veamos:

Ciertamente hay complejidad, pero debida al empeño de los autonomistas del ente por hacer un todo regional, de lo que son dos regiones, y hablar de un pueblo, cuando son dos. Hay otra perla más: «defiende el papel de unas nuevas diputaciones más abiertas, democráticas, ágiles… que han de funcionar como macrocomarcas». Ahí es nada, nueve macrocomarcas sustituyendo a nueve provincias, compartiendo una historia inventada de ayer y de hoy; de TBO. Una original configuración territorial fabricada a la carta para un ente tan amorfo como insano, en su ciego caminar en pos de una total castellanización de todo y de todos.

Nos queda el papelón del seleccionador, del Bosque, a la hora de recoger una medalla de oro autonómica, todo un honor, al decir «las nueve provincias decidieron convertirse en un territorio». Incierto. El pueblo leonés, del que él reniega al decir que es «salmantino, castellano y español», nunca aceptó, y con mayor ímpetu los leoneses de León.

Una preocupación final, los leoneses, hasta ahora, con el antifaz de lo ideológico enmascarando un gran error, han estado dejando rodar cuesta abajo y sin freno la maltrecha personalidad leonesa, propiciado cada vez que, en las urnas electorales, en especial las autonómicas, votan a «nuestros políticos», verdaderos acólitos de los verdugos autonomistas del ente que nos anexionó.

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