Publicado por
Francisco Javier Gonzalez Rojo. Licenciado en Derecho y Graduado en Ciencias Económicas (ICADE)
León

Creado:

Actualizado:

¿Quién duda que la Universidad es un inductor trascendental de desarrollo socioeconómico y cultural territorial? Y debe serlo. ¿La Facultad de Veterinaria no contribuyó a la creación en León de empresas como Abelló, Antibióticos, Ovejero o Syva? ¿Que en Massachussets o California se encuentren las áreas geográficas con mayor concentración de innovación tecnológica mundial no ha estado motivado por la existencia de excelentes centros universitarios? Su cometido social es primordial al interés individual y ante la intencionalidad política.

Por ello la universidad pública requiere reformas viscerales, no recortes sin criterio. No ejecutarlas de forma adecuada la llevará a convertirse en campus involuntario para estudiantes que no puedan acudir a otro. Dejarlas al devenir económico conllevará una deriva de los estudios superiores hacia las instituciones privadas y que, dentro de éstas, a las más célebres opten, en exclusiva, jóvenes inteligentes que pertenezcan a familias adineradas.

Tal remodelación no difiere del patrón de corte de la empresa España. Si ésta ha de crear un modelo de negocio del que carece, la universidad, léase la leonesa, tiene que ser competitiva con otras universidades públicas y privadas a fin de atraer estudiantes (no solo provinciales, sino interprovinciales e internacionales), destacados profesores e investigadores y beneficiosos contratos y colaboraciones, lo que redundaría en su financiación. Debe redefinir, por cuanto, sus objetivos que han de ir más allá de transmitir lo que otros dicen y desarrollan, ha de pasar de ofertar títulos a que sus titulados se demanden en el mercado laboral no solo local sino global y a que su investigación básica soporte una investigación aplicada con consecuencia socioeconómica, al menos, en su entorno.

En la Universidad de Wharton (en Pensilvania, Estados Unidos), quizá, si no, la más prestigiosa en finanzas de ese país, ejerce de académico el profesor Guillén, un leonés reputado mundialmente como una eminencia en organización empresarial. Suponiendo que la Universidad de León pagase sus emolumentos y el quisiese, es escribir, en una situación caeteris paribus, ¿se le podría contratar sin otra como catedrático de la Facultad de Empresariales de la ULE? Si la respuesta es no, ¿no significa que hay que cambiar el sistema de selección del claustro? ¿desendogamiar? ¿Quién aportaría preferible currículo para gestionar esa universidad competidora, un profesional de la gestión con ganado éxito empresarial o un profesor de un departamento de literatura? Lo más probable es que lo haga el primero. Sí podrá decidir mejor los contenidos del área de formación literaria el segundo. Esa entidad concurrente ¿no necesita un departamento comercial que reclute estudiantes, coloque graduados, consiga contratos a sus investigaciones y rendimiento a sus patentes? ¿Empresariar? Por tanto, ¿no sería conveniente diferenciar orgánicamente gestión y formación? Si Harvard, Yale, MIT, Berkeley, Oxford son organizaciones académicas famosas, por qué no intentar mismamente sus modelos, al menos, en supervisión, control, consejo y patronazgo? ¿Descorporativar?

La educación en general y particularmente la universitaria ha de librarse de la irracionalidad política, de la reducción presupuestaria indiscriminada. ¿Es de sentido común que se supriman fondos para educación y se mantengan los sueldos de asesores «de imagen» de directores generales de las consejerías de las autonomías? Reestructurar es eliminar estructura administrativa como la sobrante de la Junta en la subcentralización de Valladolid y no aminorar capital educativo. ¿Es socialmente responsable que se disminuya éste y se mantengan las aportaciones a fundaciones doctrinarias como Villalar o para editar publicaciones como la revista Magisterio que nadie lee o sostener media que no vende precisamente por su marcación ideológica? ¿Despolitizar?

La Universidad común al igual que España S.A. suplica medidas de eficiencia. No se trata de eliminar titulaciones sino, más bien, de convertirlas en especializaciones. ¿No es oportuno unificar los primeros cursos de todas las ingenierías (similares conocimientos) y dejar para el final las enseñanzas específicas? Con ello ¿no se ahorraría en profesorado? y si se concentran las asignaturas por trimestre ¿no se reduciría la ocupación docente respectiva a tres meses en lugar de a todo el año? Con ello ¿no se acortaría la duración de los contratos? ¿Desfuncionariar? ¿Quienquiera tiene capacidad y aptitudes comunicativas? ¿Se controlan los resultados del tiempo destinado a investigación que justifica menor horario lectivo? ¿No habría que separar, tanto por eficacia como para su control, pedagogía e investigación? Diferenciarlas permitiría intensificar en magisterio y aumentar los recursos investigativos. ¿Controlar? Y ¿qué hacer con el profesorado sobrante? ¿Remunerarlo sin hacer nada? ¿Dedicarlo a investigar? ¿Ocuparlo en otra actividad? ¿Flexibilizar? Además ¿se han de contratar funcionarios para el soporte informático y no aprovechar las sinergias de la escuela de informática o para el mantenimiento no disponer de las ingenierías del ramo y, así, adscribir ese ahorro salarial a i más d por ejemplo? ¿Y las tareas que realizan los institutos técnicos oficiales de la administración y las que se hacen para ella no se pueden ejecutar por y en los departamentos y laboratorios universitarios? ¿Sinergiar?

Si se tiene en cuenta que cualquier activo marginal de la mercantil España se encuentra respaldado por deuda, tras cada edificio público abandonado quedan unos costes por amortización financiera, unos intereses y, si con ello no se elimina, el coste fijo del salario funcionarial que se perpetúa. Ahorrar mediante la desocupación, cierre, de edificios cercenando titulaciones es una gestión económica destructiva. Los inmuebles se deberían valorizar creativamente. ¿Si se cedieran a una universidad privada bienquista los cuarteles de Almansa, el Seminario Menor, aprovechando el Hospital (¿universitario?) de León y así anexar a la leonesa una Facultad de Medicina, lo rechazaría? Dar entrada a capital privado no es privatizar, es distinto que vender o malvender, es financiar «renuncias», generar sinergias, rentabilizar capacidad infrautilizada, ¿capitalizar? ¿No le interesa más a León un modelo mixto universitario que un modelo escachado? La cremallera de la universidad debe estar abierta, bien abierta, solo la cierran una incorrecta dirección y la falta de imaginación, fundamentalmente, políticas.

Cargando contenidos...

En el diccionario universitario público habrá que introducir verbos como desendogamiar, descorporativar, despolitizar, desfuncionariar, flexibilizar, controlar, sinónimos de gestionar, y sinergiar y capitalizar, antónimos de infrautilizar. En la universidad pretendidamente gratuita habría que practicar rotundos cambios antes que subir tasas y rebajar presupuesto.