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SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

En defensa de Europa

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Tomas Corm, economista e historiador libanés, profesor del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Saint-Joseph de Beirut, especialista en temas árabes publicó en 2010 el libro Europa y el mito de Occidente .

La obra aborda la construcción histórica de un falso mito, a juicio del autor, de un Occidente surgido de la confusión del análisis histórico con una ideología imaginaría de Europa. Partiendo del falso mito de Occidente, a lo largo de la obra va desarrollando la idea de cómo este Occidente, ha impuesto por la fuerza al resto del mundo sus valores.

Comienza el autor citando a Hegel y Weber como los dos autores que más han contribuido a la creación del mito de Occidente. La idea se sustenta en lo que denomina un continuum atemporal y espacial que obvia la singularidad de los pueblos que conforman Europa. La noción de Occidente tendría su base en lo que el autor describe como «morfogénesis cultural» formada por: a) la invención de la ciudad, b) la invención del Derecho, propiedad privada y humanismo de Roma. c) la revolución ética y escatológica de la Biblia d) la revolución papal (siglos VI a XIII) que optó por la razón como base de análisis del la ética y religión, e) la promoción de la democracia liberal.

Todos estos elementos condujeron a considerarse a lo que entendemos como Europa Occidental superior moralmente al resto del mundo.

Tomada conciencia de su superioridad moral, Occidente necesitó para reafirmarse un enemigo. Este enemigo se materializó en Oriente, el autor lo identifica durante prácticamente toda la obra al Islam, y Rusia. Esta última debido a su carácter híbrido de euroasiática y en menor medida que el primero.

A lo largo de todo el libro el autor se dedica a desmontar el, a su juicio, falso mito de Occidente. Cita para ello a autores como Splengler cuando afirmó que la palabra Europa debería ser borrada de la historia. Las alegaciones de un Occidente con una fuerte raíz judeo-cristiana no tienen sentido, pues el antisemitismo ha estado profundamente arraigado en occidente desde la antigüedad. Se remonta para demostrar su afirmación a una doctrina cristiana medieval excluyente del judaísmo o al racionalista francés Voltaire. Pero Occidente ni siquiera tiene una identidad común religiosa, pues el cristianismo sufre una convulsión con la aparición del protestantismo.

Europa se debatió entre un ideario de la Ilustración, cuyo máximo representante es Francia, frente una Alemania, en palabras de Thomas Mann, que buscó el misticismo a través de movimientos como el romanticismo. Romanticismo y autenticidad que desembocaron en el término Völkish como comunidad. Germen del nacionalismo excluyente de una Alemania que sucumbió a la seducción del nazismo. Racial, en palabras de Hitler, cita Mi Lucha como expresión de una barbarie que se impuso con el apoyo de las élites intelectuales europeas.

Derrotado el nazismo, los bolcheviques fueron el enemigo a batir. Marx y Hegel sirvieron como hilo conductor de un sentimiento monolítico de la cultura Occidental expresada en el comunismo, son lo que Nietzsche para el nazismo.

El colapso de la unión Soviética provocó una nueva era. Los EE.UU. se erigieron como solitario hegemón en el mundo. Impuso su política neoliberal. Menos Estado y regulación libre de los mercados. Se concedió el premio Nobel de economía a Milton Friedman y se proscribió el keynesianismo.

Esta nueva ideología se fundamenta en la globalización. No es solo una globalización económica, sino política y supone la imposición de valores occidentales al resto del mundo. Se produce un choque de civilizaciones en palabras de Huntington. Aparecen nuevos términos en la política internacional islamofascismo o islamofobia, por ejemplo, para identificar al enemigo. Irán se identifica con todas las causas de los conflictos internacionales por parte de los EE.UU. Aparece un nuevo modelo de guerra, la guerra contra el terrorismo.

Argumenta que no existe una Europa judeo-cristiana, basándose en el antisemitismo arraigado en Occidente desde sus orígenes, alcanzando su máxima expresión en el triunfo del nacionalsocialismo alemán. Esto supone negar todo lo que la cultura judía aportó a Europa a lo largo de siglos. Lo mismo se puede afirmar del cristianismo, negar la base cristiana de occidente es de muy difícil prueba. Es tan sencillo como que sin el cristianismo desaparecerían de nuestros museos la inmensa mayoría de las obras pictóricas, gran parte las mejores composiciones musicales y muchas de las obras literarias. La pintura, música y literatura expresan no sólo una cultura común, sino unos valores comunes que a mi juicio si se puede afirmar que configuran las raíces de Occidente.

Frente a una diversidad disgregadora, se opone una historia de Occidente donde las catedrales impregnan el suelo europeo y donde la fe cristiana sirvió como instrumento político tanto para descubrir el nuevo mundo como para desencadenar los mayores conflictos armados de la historia.

Concluida la Segunda Guerra Mundial el epicentro del poder geoestratégico se desplaza a los EE.UU.. Se imponen las teorías de un neoconservadurismo económico que se manifiesta en un mercado único a nivel mundial.

Aquí termina el análisis del autor de Europa y el Mito de Occidente cuando a mi juicio debiera de comenzar una detallada reflexión sobre la pervivencia o no de la sociedad occidental.

Tras el 11 de septiembre del 2001, Occidente se autoafirmó frente a Oriente. El terrorismo islamista ha vuelto a aglutinar a los occidentales bajo el temor de un Islam que se autoproclama enemigo de los cruzados cristianos.

Occidente, liderado por EE.UU., se ha reafirmado pero le ha surgido un fuerte competidor, China. En el año 2020 deberá compartir la hegemonía mundial con ella, según autores como Lacoste. La emergencia de China se puede considerar como una realización de los valores orientales frente a los occidentales. Su cultura y valores fruto de un aislamiento tradicional de una potencia histórica continental, forjada por la fuerza para unir las distintas etnias que configuran la China actual, difieren de los valores occidentales.

Prueba de ello es que China suscita temor, incluso entre sus vecinos por su forma expansiva y agresiva en el los ámbitos político, económico y militar. Intenta mejorar su imagen y evitar recelos de sus vecinos pero lo cierto es que recurrentemente, fruto de su visión de las relaciones internacionales se ve inmersa en conflictos regionales.

Si bien China por si sola no se le considera capacitada para constituirse en un verdadero hegemón mundial, sí lo podría conseguir a través de alianzas con sus vecinos, principalmente India o Japón.

Tomas Corm concluye que Occidente nunca existió. Frente a esta afirmación se puede argumentar que si algo está poniendo de manifiesto la emergencia del nuevo Oriente encabezado por China es que EE.UU. y Europa, máximos representantes de ese mito, se han dado cuenta de que está en juego no solo su hegemonía política, militar y económica, sino unos valores que han presidido históricamente la forma de organizar sus sociedades. Esta divergencia de valores entre ambas sociedades, puede servir para acreditar la existencia de un Occidente que aunque en declive sigue estando muy presente en el ámbito internacional.

Para saber más: Europa y el Mito de Occidente . Tomas Corm. Editorial: Ediciones Península, 2010.

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