LEÓN EN VERSO
Niños sin cobijo
No reparó Martín Villa cuando el invento de las autonomías centrífugas en los daños colaterales del engendro de poner bajo el mismo orden a territorios dispares, ajenos, opuestos. Tanta murga con las directrices de ordenación del territorio de la montaña leonesa, para poner una farmacia a menos de un kilómetro de la guarida del oso, y dejan fuera enunciados vitales para garantizar educación a diez minutos de casa. Resulta que hicieron una ley para acomodados del centro de Valladolid que deja un reguero de damnificados cuando se aplica entre los supervivientes de León, ajenos a la advertencia de Botella de la inconveniencia de mezclar peras y manzanas. En 30 años de impertinencias deberían haber aprendido ya que a fuerza de mezclar no se une.
Desde la almena de la consejería de Educación no se alcanzan a ver las curvas que separan a un guaje leonés del derecho de aprender y forjarse un criterio para decidir mañana con libertad si quiere seguir atribulado como sus padres en tierra difícil o probar la suerte de huir del raquitismo de oportunidades que se le ofrece en la tierra de sus abuelos. Si Mateos avistara esa espiral que distingue el mundo que baña el Pisuerga de la infancia que crece en Acevedo —para que luego sostengan que en España se viene al mundo con la misma carpeta de derechos— en el insomnio de la noche, comido por el remordimiento, correría a la sede juntera para corregir la generalidad de la ley que obliga a un niño del primer ciclo de la educación secundaria a cursarla en un instituto. Hay leyes que nunca valdrán para dos territorios. De Mateos, que da el pego en un concierto de Perales, no hay más referencias que su pasado decano de Medicina de Valladolid, motivo suficiente para alimentar la duda que salpica a un personaje que lleva más tiempo en la consejería que Clemente por la Junta, las tres casas que tiene entre Valladolid y Santander, 600.000 euros en el banco y un coche como el que le brotó a Ana Mato en el garaje, no hay constancia de que aliente un corazón blando. Se adivina la condena a los niños a viajar, a emigrar de su patria, que es la infancia. Con muesca en el revólver del consejero: a estos de León es mejor domarlos de niños, en previsión de que al crecer no salgan todos como Silván. Si Posada, Riaño y Boca pidieran la adhesión a Asturias veríamos a Mateos ponerse zapatillas y dejar de dar mordiscos de soberbia con la ley en la boca.