CRÓNICAS BERCIANAS
Retratados
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que bajo mis cálculos de reportero de pueblo es el único cargo con un mínimo empaque como para liderar al PP a medio plazo, más allá de las Cospedales y de las Sorayas, y cuando la crisis y el de-sempleo acabe reventándolo bastante antes que Bárcenas, vive su semana de Pasión con carácter retroactivo. Él, que siempre había logrado lavarse las manos como Pilatos, resulta que tiene ahora que invocar a Cristo cuándo dejó petrificada a aquella peña sedienta de sangre que perseguía por todo Jerusalén a la adúltera para lapidarla, con dos cojones como interrogaciones: «El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra». No tiene pinta, sin embargo, de que sus adversarios sean especialmente piadosos y mucho menos que vayan a poner la otra mejilla frente a la contemplación de sus fotografías de mocedad política junto al narco Marcial Dorado. A pesar de que las imágenes acarameladas de la pareja daten de veinte años atrás, y aunque casi nadie juzgue de verdad que los viajecitos de Feijóo y Dorado fueran de «negocios».
No pensé sin embargo que Feijóo fuera tan membrillo, buscando ahora más allá de su supina imprudencia por dónde pueden haberse escurrido las fotos. Debería saber que nada es ya ocasional entre la mierda de la política y la pornografía del poder. Si estás ahí, es probable que aquella orla de octavo de EGB con un tal Julito que ahora resulta ser el rey de la farlopa en Chihuahua te pase factura. Si estás ahí y te pillan embutido en aquel meyba de moda con el que ibas más apretado que los tornillos de un submarino, alguien adivinará algún tipo de desnortación sexual; o acaso algún grave desorden estético si es que te cazan con aquel cardado pop de mitad de los 80.
Por eso todavía soy más incapaz de entender a esos nuevos políticos de medio pelo que confunden la transparencia con la idiotez y que se pavonean promiscuos por las redes sociales, colgando imágenes de esferas demasiado íntimas, aireando ínfulas, difundiendo dogmas y abonando su perdición sumarial o periodística a corto plazo sin ni querer saber que hay quien se dedica a recopilar álbumes a los que es fácil ponerles pies interpretativos difíciles de contrarrestar sobre todo si el que te acompaña es un narco, un traficante de armas, un tratante de blancas o un superevasor fiscal. Cuando estás ahí, sí que dejan de ser «sólo fotos».