Diario de León

José Luis García Lorenzo

A vueltas con la limpieza de los ríos

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José Luis García Lorenzo geógrafo
León

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Como es habitual, periódicamente se oyen voces reclamando la limpieza del río Bernesga a su paso por la ciudad (o del río Torío, en el caso de Puente Castro); no se refieren a la retirada de la basura que se acumula (y que hemos tirado previamente nosotros), sino a la eliminación de la vegetación de las riberas y de las islas, e incluso al dragado. En caso de no hacerlo, aducen, se provocarán inundaciones. ¿Inundaciones de viviendas, de haciendas, con graves daños materiales o riesgo para personas…? No: las únicas inundaciones que pueden producirse, en algunos tramos y por unos pocos días, son las de los paseos que circundan el río —y que se hicieron, por cierto, sobre terrenos inundables, por lo que es natural que el río vuelva a ocuparlos—.

Es necesario decirlo una vez más: los ríos son un organismo vivo, que tiene su propia dinámica y sus mecanismos de autorregulación, por lo que muchas de las actuaciones propuestas y en muchas ocasiones realizadas (dragados, eliminación de la vegetación, construcción de azudes y escolleras…) suponen un gasto inútil de dinero y perjudican a veces irremediablemente los recursos naturales que estamos obligados a proteger.

Dragar el río, como se ha venido haciendo en nuestra ciudad durante muchos años, es una práctica errónea y cara (lo que se elimina vuelve, a los pocos años, a depositarse).

Además, puede producir otros efectos indeseados, como el descalzamiento de los puentes y las escolleras o la erosión en otros tramos del río.

¿Queremos que no se acumulen sedimentos en el planazo que hay antes del puente de San Marcos?: eliminemos el azud, que es lo que frena el agua y los sólidos que se depositan en el cauce.

En cuanto a la vegetación, tanto la viva como la muerta, dan cobijo a un buen número de especies animales, que enriquecen la biodiversidad de nuestra ciudad: azulón, martín pescador, garza real, martinete, cormoranes, mirlo acuático, gaviota, milano real y negro, ¡hasta la nutria!, son algunos de los vecinos que se alimentan o reproducen gracias a la existencia de una vegetación abundante y diversa. Tenemos un recurso de alta calidad en el mismo centro de nuestra ciudad que no nos podemos permitir el lujo de destruir.

Ya en su día se adoptó la sabia decisión de dejar la isla del puente de San Marcos (que años atrás se eliminaba con la excusa de las inundaciones), creándose un espacio de lujo para nuestra fauna sin que desde entonces se haya advertido un incremento de los desbordamientos. Es necesario que demos un paso más, tratemos a los ríos como organismos vivos y seamos capaces de integrarlos en la ciudad como un hábitat natural de alto valor.

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