EL RINCÓN
Libertad condicional
Los gastos de palacio van a ir más despacio y el nuevo ritmo les impedían desbocarse. Ante la ley de transparencia todos somos iguales, aunque algunos seamos más transparentes que otros. Se harán públicos los contratos del Rey y la Zarzuela tendrá una auditoría antes de que el pueblo español, que cuando chilla, chilla muy fuerte, ponga el grito en el cielo. La medida es buena, pero hubiera sido mejor si llega antes.
El Tribunal de Cuentas, una vez más, ha llegado después de que el tribunal del viento. Quizá estemos aún en una fecha adecuada para subirnos al tren que evita el rescate, como ha hecho Portugal. Hasta ahora lo hemos pagado los viajeros, en especial los de clase turística.
Este regreso a la cordura equipara a la Casa del Rey con el Congreso o el Senado, lo que no deja de ser un avance porque estábamos en vía muerta. El pistoletazo de salida fue el certero impacto que abatió al pobre elefante que al desmoronarse aplastó muchas cosas que se mantenían en pie de milagro.
Aunque los servicios prestados por su Majestad a la democracia sean impagables, hay tasadores que quieren ponerle precio y los gastos de palacio, los viajes, la seguridad y los contratos de la Zarzuela, que antes eran notorios, van a ser públicos. No serán auditados por el Tribunal de Cuentas, sino por un interventor interno o mediopensionista.
Casi todos estamos de acuerdo en dos cosas: en que el sistema es insostenible y en que hay que sostenerlo. No queremos que nos suban más los impuestos, ni en Sanidad, ni en Educación, ni en la bombona de butano, ni en nada, pero habrá que hacer algunas correcciones.
Los caprichosos dioses nos ha echado una mano fichando a Urdangarin como entrenador de la selección de Catar. Tiene un gran palmarés como jugador, aunque no comparable al posee como negociante.
Si alguien nos pregunta que nos parece que se vaya a Catar, les responderíamos con una sola palabra: cerca.