Diario de León
Fernando Jáuregui

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Este fin de semana van a coincidir dos acontecimientos que mucho tienen que ver con la izquierda española y con la Historia de nuestro país: el aniversario del 14 de abril, la proclamación de la República, y la clausura del congreso del ya histórico sindicato UGT, que reelegirá a Cándido Méndez como secretario general. ¿Tienen algo que ver ambas cosas con un momento de enorme duda en la izquierda española, atenazada entre una realidad que asfixia a todos y unos planteamientos clásicos que se van convirtiendo en poco menos que utópicos? Yo creo que sí.

Sí tengo que decir la verdad, a estas alturas ya no sé bien si, entre Keynes y Hayek, el debate ideológico sería posible en estos momentos. Ha muerto una forma de capitalismo clásica, como antes se habían olvidado los postulados clásicos del socialismo.

Quiero significar que los retos económicos ante el futuro admiten probablemente menos alternativas. Y que la capacidad de maniobra en política se ha reducido en todos los países en general, y en el que nos ocupa, España, en particular; es el que mejor conocemos. Lo que sí cabe es la facultad de innovar, de modernizar estructuras, de renovarse, de sorprender a la ciudadanía con planteamientos nuevos, frescos. Me cuesta pensar que ese sea el caso del congreso de UGT, que situará nuevamente a una figura, por otra parte tan válida, como Cándido Méndez, al frente de la organización a la que lleva ya casi veinte años liderando. No soy de los que creen que un cambio de caras baste para pensar que hay evolución en las ideas; pero, en los planteamientos que venimos conociendo en los sindicatos ‘de clase’ españoles, es muy poco lo que oigo de nuevo y refrescante.

Y eso ¿qué tiene que ver con las manifestaciones republicanas del domingo? Pues mucho. Si usted es de los que acuden a las manifestaciones del 1 de mayo, convendrá conmigo en que banderas tricolores hay muchas, y rojigualdas, pocas o más bien ninguna. La izquierda, la mayoría de la izquierda, donde los sindicatos se encuadran, se manifiesta poco o nada monárquica, aunque el pragmatismo del PSOE ha hecho que, hasta ahora, la Monarquía fuese bien aceptada en esta parte, la más templada, del arco político.

Creo que hay una visión romántica obrerista que se corresponde mal con los tiempos cínicos y terriblemente pragmáticos que vivimos, de la misma manera que me da la impresión de que la visión republicana se circunscribe a un pasado de la primera mitad del siglo XX que, según mi opinión, tampoco fue mejor. La izquierda española —y la derecha, pero eso lo dejamos para la próxima— necesita situarse en el año 2020, colocar en el altar a Pablo Iglesias y a la II República —que fue, a mi entender, tan nefasta—, dejarlos ahí y aprender a volar sola, en beneficio de todos los ciudadanos. Otra cosa da el resultado de lo que ocurrirá, o más bien no ocurrirá, este fin de semana.

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