EL RINCÓN
La hora de los alquimistas
Andan confusamente atareados en retrasar el horario previsto para el derrumbamiento total, pero no se ponen de acuerdo. Todos saben que esto va a explotar y que no hay artificieros que lo eviten, pero mientras suena el estruendo, que será la traca final, hacen oídos sordos. Los alquimistas, léanse los políticos y los banqueros, que son primos hermanos aunque algunos sean más primos que otros, se empeñan en que transformemos la mierda en oro. Es muy difícil. Hay que tener muchísimas tragaderas. El gran García Márquez dice, en algún mágico lugar de su obra, que siempre ha confundido las dos cosas, el oro y la mierda. En nuestro pobre país se ha llegado a la máxima confusión y mientras hay menos gente que puede acceder a un trabajo se proyectan más impuestos para los trabajadores.
Jordi Pujol hijo, no quiero aventurar hijo de quién y lo dejo para la imaginativa conjetura del lector, ha ganado millón y medio de euros en solo un día con una empresa que tenía un solo empleado. Méndez, que cada día se parece más al oso Yogui y menos a Largo Caballero, y no digamos a Besteiro, justifica el derroche del tal Pastrana con las Visas Oro para esquivar los excrementos de UGT, cuyos miembros parece que tienen un indudable buen gusto para elegir crustáceos en sus mariscadas colectivas.
¿Dónde están las personas decentes? Sería un error buscarlas donde no estén y es un empeño inútil indagar en los partidos políticos.
No hay que generalizar, no sea que llegue un general, más o menos enérgico, que acabe no solo con el tinglado de la farsa, sino con la farsa propiamente dicha y aceptada. Sería lo peor un gendarme, pero en mi caso, además, sería el segundo. Esto no funciona y el asiduo Rajoy plantea nueva fórmulas alquimistas, entre otras, la de revisar las pensiones, para que todo siga sin funcionar. Sálvese quien pueda, que serán pocos, aparte de Urdangarin y demás parientes. En algún lugar hay que deternerse, si no detienen a algunos.