Diario de León
Publicado por
Andrés Aberasturi
León

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Hace bien el presidente Rajoy en pedir paciencia a los españoles; hace bien porque es lo único que le podríamos dar, porque es lo único que nos queda a la gran mayoría, porque a la paciencia no se le ha aplicado —aun— ninguna tasa, ningún IVA, ningún IRPF. La paciencia por ahora se ha tenido y Rajoy pide que la declaremos. Miedo me da. Lo malo es que la paciencia de los españoles es como las pilas alcalinas: dura y dura pero empieza a dar signos de que estamos ya en la reserva.

Nos pide paciencia, pero ¿para qué? El presidente parece empecinado en sus políticas de recortes y repite una y otra vez que el Gobierno sabe a dónde va y no va a cambiar. Hagamos un esfuerzo y vamos a creerle. El problema es que la mayoría no ya de los ciudadanos sino cada vez más expertos, están convencidos que hacia donde quiera que vaya esta política de recortes, no se va a llegar porque no cuadran las cifras ni con la cuenta de la vieja o, lo que sería aun peor, cuando lleguemos, ya será demasiado tarde.

Es posible bajar el déficit hasta donde se pretende pero si sólo nos fijamos ese objetivo, seremos una sociedad sin techo.

Las cuentas son mucho más sencillas de lo que parece escuchando a los expertos: cada vez todos tenemos menos dinero porque el estado lo recauda todo de varias formas para pagar la deuda. Y cómo no tenemos dinero, no podemos consumir, ni de lejos, lo que antes se consumía. Y si no consumimos la economía no solo no crece sino que decrece. Y si la economía no crece, no se crean puestos de trabajo sino que cierran empresas porque tampoco pueden sobrevivir sin la ayuda de los bancos. Y si se cierran empresas no se crean puestos de trabajo. Y si no se crean puestos de trabajo y se cierran empresas, el número de parados —que ya es insoportable— aumentará y aumentará. Y si aumenta el paro el consumo cae todavía más. Y si cae más el consumo.

Es un círculo vicioso tan elemental y, sobre todo, tan evidente que no hay teoría macroeconómica que contradiga la realidad de los cientos de locales que se venden y de los millones de parados que ya son y los que se anuncian.

Pídanos paciencia, señor Rajoy, porque es lo único que Hacienda no ha gravado aun con un impuesto. El problema es que también la paciencia tiene fecha de caducidad.

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