LEÓN EN VERSO
Alejandro
Por vanidad, o por cualquier razón ignota en este lado del mundo que soporta los gastos de la barra libre, los cargos públicos acostumbran a arrogarse motivos para justificar su función. Encontramos a González Mantero en un monólogo glorioso en el que llega a decir que su cargo no es político, como si a mozo de almacén de Villanueva se llegara por dotes de gestor, y con independencia de que el 50% de los votos fueran para PP o IU. El mismo fango pretencioso acaba de pringar hasta el cielo de la boca a Valderas, el último enviado especial de la UPL a la procuraduría en Cortes, que es una de las plazas fijas que ha gozado la aristocracia leonesista desde aquella eclosión popular de fin de siglo. Alguna aparición debió de tener el político leonés en ese tránsito perenne Nacional 601 abajo, tanto ir y volver por el llano castellano, para atacar en tiempo récord la esencia de su asiento político, la confianza de los miles de votantes que le garantizaron cobijo, y los principios fundacionales de la Unión del Pueblo Leonés: el mérito de Valderas es que le bastó con dos años para convencerse de lo que a otros les llevó dos décadas. Abominó de la autonomía leonesa, por la crisis, a ver si vienen mejores tiempos para la lírica, como si en los últimos treinta años en esta tierra se hubiera podido disfrutar de una solvencia económica y social que alentara a la pelea para escapar de una autonomía que se ideó sobre el mapa peninsular con un cartabón y a la hora del vino. Por ese mismo ataque de vanidad, Valderas pudo llegar a creer que en León se le votó por su formación keynesiana, tan recomendable para un país a las puertas de la ruina. Ese encargo fue para Rajoy; harina de otro costal es que su eficacia se ofrezca tan resolutiva como la del procurador leonesista en la refriega de la defensa territorial.
Si a Valderas le faltan ganas e ideas en el discurso, que se pase este fin de semana por Botines y escuche las Sabatinas. Al Cheva. El último bastión de integridad que le queda al leonesismo es el golpe de rebeldía de un tipo que tiene arrestos para telefonear a una emisora de radio de Valladolid al final de uno de esos informativos que se difunden por aquí y los pone a caldo por llamar castellanos a los leoneses; pudieron reírse pero no rebatirle.
Con 50.000 parados por las calles, Valderas no dimensiona bien el proceso de liquidación. No de la UPL, no; de León.