SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

La enfermería: Una milicia

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León

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Hay profesiones y profesiones que exigen vocación. Entre estas últimas se encuentra sin lugar a dudas la enfermería. Los derechos fundamentales a la vida y a la salud que tenemos todas las personas no gozarían de las mismas garantías sin las enfermeras.

Profesión poco valorada y mal pagada. No sólo económicamente, sino también emocionalmente. Es cierto que hay cosas que no se pagan con todo el oro del mundo. ¿Cómo pagar el hecho de que cuando te despiertas tras una operación, una enfermera te susurre con delicadeza si te encuentras bien?

Siempre que lamentablemente para mí y para la seguridad social he sufrido una intervención quirúrgica me he preguntado, cómo es posibles que en los hospitales donde todo el ambiente está impregnado de olor a medicamentos, las enfermeras consiguen mantener en todo momento y condición un aroma fresco como el de Sevilla en primavera oliendo a azahar y envueltas en la elegancia de su saber estar y cuidar.

Quién no agradece unas manos expertas cuando te «van a coger una vía». Mujer, preocupación por los demás, enfermera, parecen términos consustanciales. Sólo así se explica que no sean valoradas en su justa medida. No está de moda apreciar los valores, que representa, lamentablemente. Protestan pero no se detienen, se quejan, pero cumplen con su obligación cual los Tercios de Flandes.

Como estos, a la enfermería española se le debe mucho, y al igual que nuestros Tercios no exigen ese débito, solo piden que se les reconozca lo que en justicia les corresponde. Pero, la petición se posterga ante la batalla como hicieran los grandes capitanes españoles al frente de sus Tercios durante los siglos XVI y XVII.

Sus batallas son diferentes a las que tuvo que enfrentarse Ambrosio de Spínola. No hay que derrotar a forzudos protestantes apoyados por la pérfida Albión, ni emplear picas, arcabuces, o cañones para defender los intereses patrios y cuando la batalla estaba pérdida, sólo restaba salvaguardar el honor como ocurrió en Rocroi. La enfermera batalla diariamente contra la escasez de recursos, la incomprensión de algunos pacientes y la indiferencia de una sociedad que no quiere reconocer que esta profesión es depositaria de los valores que un día hicieron grande a España. Sus armas son la profesionalidad, vocación de servicio y humildad y es justo decirlo… la elegancia innata que caracteriza a la enfermera española. Su lucha se centra en mantener la calidad de la atención a los pacientes que siempre ha hecho de nuestra sanidad pública un referente para nuestros antiguos enemigos.

Al igual que los Tercios, es más reconocida su valía en el resto de Europa. Inglaterra, Francia, Holanda, son destinos donde cada vez más jóvenes enfermeras se ven obligadas a emigrar en busca de un trabajo en el que poder demostrar lo que valen. Quién sabe si a lo mejor lo que no pudimos conseguir por las armas hace más de cuatrocientos años, lo consigamos ahora y estos «queridos protestantes», actualmente aliados en la Unión Europea, se rindan ante los nuevos Tercios de enfermeras españolas que con sus conocimientos técnicos y su forma de ser, están convirtiendo los hospitales europeos en lugares imbuidos de las virtudes y bondades propias de su forma de entender la enfermería. Seguro que son lugares más humanos y alegres desde que ellas cuidan a los seguidores de Lutero.

El gran duque de Alba (que ya hubieran querido sus enemigos que no lo fuera) se dirigía a los soldados españoles de los Tercios como «magníficos señores» realzando su dignidad y valía para el imperio español. Yo afirmo que nuestras enfermeras se merecen al menos el calificativo de «magníficas señoras», por su señorío, por su humildad, por su eficacia al cumplir con devoción su trabajo cuando las dificultades las abruman.

Al igual que los Tercios, la enfermería es una meritocracia, es una vocación con tintes de milicia. Incluso el vocabulario de las enfermeras está lleno de terminología militar: dar la guardia, entrar de guardia o salir de guardia, hacer el relevo, servicio de urgencias, uci, etc. También su aspecto estético y de gestión guarda relación con lo militar, visten uniforme, están organizadas jerárquicamente, supervisora o directora de enfermería son empleos que guardan similitud con la organización militar.

Es necesario que a la enfermería se le reconozca sus méritos. Son profesionales muy cualificadas, que tienen en sus manos algo más que nuestra salud. De ellas depende en gran medida, que nuestras vidas sean más confortables, más fácil afrontar la enfermedad, que lo será si contamos con su apoyo y comprensión.

Se revela como necesario «cuidar a las cuidadoras» aunque sea por nuestro propio egoísmo. Mientras ellas sigan velando por nuestro derecho a la salud, seremos los amos del mundo, al igual que nuestros Tercios.

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Para saber más: Historia de la enfermería , autor: José Siles González.