Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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No podemos echar las campanas al vuelo por dos razones: la primera, porque no tenemos campanas, y la segunda, que es innecesario aducir, porque no nos sonarían bien. Quienes disfrutan de una visión privilegiada vislumbran en el horizonte una bandada de pájaros de buen agüero. Que Dios le conserve la vista, a ver si la reparten entre los que lo ven todo negro. El paro, que es la desgracia mayor, nos ha dado un respiro.

Sobre todo a quienes lo padecen, ya que no es lo mismo sufrir un castigo que compadecerse de quienes lo sufren, pero la escalofriante cifra de desempleados rebaja sus tétricos guarismos. Algo es algo y menos es nada.

Hay motivos para seguir teniendo esperanza, aunque lleve tanto tiempo engañándonos. La única ventaja que ofrecen las cosas cuando va todo mal es que cualquier viraje, aunque no llegue a cambio de rumbo, representa una mejoría.

Respiremos hondo por si la asfixia vuelve y no podemos sacar la cabeza del agua turbia. Ningún español cree que las listas de parados sean verdaderas, salvo lo que buscan trabajo y no lo encuentran, pero es cierto que este mes se han acortado. ¿Serán un respiro para tomar carrerilla cuando pase el verano? Estábamos tan necesitados de buenas noticias que la disminución de los que no tienen trabajo, que se cifra en 50.000 personas mal contadas —tan mal contadas que son realmente 46.000—, nos parece una bendición celeste, aunque únicamente sea un respiro y un suspiro de España.

Incluso Rajoy aprovecha el momento para justificar el asedio y le cuenta a Esperanza Aguirre que la subida de impuestos fue inevitable para evitar el rescate. ¿Dónde se está mejor, en los brazos de los bomberos o esperando que el incendio llegue hasta las últimas localidades del teatro? En el tingaldo de la actual farsa, los únicos que no han perdido los nervios son los que han puesto su dinero lejos de la taquilla. No sea que se lo lleven no solo los empresarios de la obra que se representa, sino los acomodadores.

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